Delante una de otra, Kinshasa y Brazaville, las dos capitales de los dos Congos, reflejan sobre las orillas del río del mismo nombre la irracionalidad del colonialismo. Están separadas por tres kilómetros de agua, pero para acceder de una a otra un extranjero ha de pagar un visado estratosférico. En la primera, en 1974, se disputó el legendario combate entre Ali y Foreman. Hoy conviven los sueños de grandeza de sus dictadores con la realidad del chabolismo. Bueno sería recordar una campaña publicitaria audaz de la marca Diesel en 2001 vaticinando un futuro donde la modernidad se asocia con el continente negro mientras los países blancos, en recesión, eran los catetos. ¿Premonición?

De Kinshasa procedía la comunidad de músicos callejeros parapléjicos Staff Benda Bilili que tanto furor causó a finales de la pasada década. Coco Ngambali y Theo Nzonza Nsituvuidi abandonaron el colectivo, reapareciendo en otra formación como Mbongwana Star con un artefacto extraordinario y único, “From Kinshasa” (World Circuit 2015), donde funden tradición y progreso en una amalgama de luminosidad/nocturnidad emocionante. 100% afrofuturismo. Les ayuda Liam Farrell (Les Rita Mitsouko) para pulir el producto de cara al paladar occidental. Ni se conforman con la facción devota de lo étnico ni se vuelcan en las tendencias. Ellos a lo suyo con sus medios precarios.

No hay que precipitarse juzgando el álbum por los meandros sinuosos de “From Kinshasa To The Moon”. Pronto “Shégué” pone en situación, con la electrónica en un plano inferior al ritmo, las voces y la guitarra respingona. “Nganshé” ya entra en un trance hipnótico donde el ímpetu de lo digital arrastra al epicentro del alma negra, repitiéndose la fórmula con una “Suzanna” que cuenta con esa melodía de mil millones de quilates sobrevolando por entre el ritmo afilado. Antes no obstante el masaje de “Masobélé”, el break apacible de “Coco Blues” y el gancho ácido de “Malukayi” (con Konono nº1) nos ha abducido para siempre. Si en el futuro nos enteramos que los extraterrestres son acogedores, evidentemente no tendrán la piel blanca.

En su momento “From Kinshasa” se nos pasó por alto. Ahora, tras la acogida excelente y ante su ansiada presentación en el Primavera Sound, es el momento de reivindicarlo como el disco indispensable que es.