Las primeras impresiones pueden llevar a engaño cuando se trata de un grande que vuelve, como en el caso de Suede. Escuchado en enero, “Night Thoughts” (2016) me pareció más de lo mismo, así que decidí pasar de él. No sé exactamente si le detecté falta de alma, o es que se trataba de un alma marchita. Intro orquestada y ampulosa, grandeur, y sobreactuación intentando colar como pasión.

El caso es que después me enteré que el álbum estaba planteado desde el prisma cinematográfico. También se desveló el cartel del Primavera Sound y, vista la programación -más bandas de festival, menos sensibilidad acústica-, pensé que seguramente los iba a ver por poco que me lo permitiese el horario. De modo que reincidir en la escucha de estas doce canciones otro par de veces podría facultarme para una opinión más objetiva.

Todo cambió al repasar el estribillo de “Outsiders”. Fundir pasión y épica de modo brillante fue patrimonio de Bowie hasta que ellos decidieron emular esta faceta del maestro. Será la nostalgia ante su ausencia definitiva o la desnudez de la fatalidad; será la calca de la voz; o el deje teatral. Lo primordial es que brilla. Igual que el excelente pop de “No Tomorrow”, aunque se acoja al revisionismo propuesto por un sonido con más pasado que futuro. Al fin y al cabo todo el pop británico utilizó la misma fracción taladro que “I Don´t Know How To Reach You” (a mí me gusta mucho su arranque por parecerse a Kitchens Of Distinction). Y a la hora de revisar una buena balada, con “Pale Snow” y “Tightrope” cumplen sobradamente.

Si algo aún no he podido digerir -un poco de empacho me ha dejado- es la grandilocuencia rozando lo acartonado con que se llega al final de la grabación. No es un sentimiento definitivamente plúmbeo ni de saturación, pero aún opino que a este álbum un par de temas refrescantes le hubieran convertido en obra maestra.