Se habrán dado cuenta que el hip hop de la costa oeste se ha ido imponiendo durante los últimos tiempos. Frank Ocean, Vince Staples, la gente de Compton, Dr. Dre, Kendrick Lamar o Anderson .Paak. Algunos no han nacido en California, pero les atrae la vida de Los AngelesKanye West– por el glamour y la sensación de sentirse en el epicentro. Muchos funcionan bajo el axioma de la regeneración del género, evitando la parte más angosta. Al fin y al cabo la marginación en California se proyecta más benigna bajo su sol que la tristeza climática de los ghettos del nordeste.

A esta suavización de las formas -explorando vías musicales no esencialmente negras- se le ha añadido una mayor riqueza intelectual en los textos -no falta lo soez, aunque insertado en un lenguaje no tan barriobajero, a veces casi culto-, lo cual ha incentivado los elogios de los especialistas. ¿Hip hop para pijos? ¿Y cuándo no lo ha sido (en parte, por supuesto)? ¿O Beastie Boys y Pitchfork son producto de una barriada descrita en la serie The Wire?

Centrándonos en Anderson .Paak, alumno de Dr. Dre, su arco musical no es tan hip hop ni tan amplio como el de Kendrick Lamar. Se siente cómodo entre bases de soul/blues, a veces muy deep (caso de “Put Me Thru”), otras en la línea de Hi y Stax (recuérdese que en Stax no solo militaba Rufus Thomas, sino también Isaac Hayes), jugueteando con el piano eléctrico -bandas sonoras de coctelería de Stevie Wonder, como “Heart Don´t Stand A Chance”– o como el Sly Stone aletargado sin buscar gresca: solo recuerdo un beat venenoso, el de “Come Down”, y es solapando una melodía de raíz hebrea. Al otro extremo, en partes de “Celebrate”, se muestra la deuda con Sam Cooke.

En cuanto a la cohesión entre música y textos, resulta perfecto el arranque de “The Bird” con el soul perezoso dejando caer a bird with the word came to me, the sweetness of the honeycomb tree antes de explicar las penurias de la ascendencia (word to the liquor that killed my grandpa liver, dice en “The Waters”). Como una brisa esparciendo felicidad entra “Parking Lot”, y no es para menos (couln´t wait to get you naked on the first date, but you made me wait). Y queda como gran final sublime “The Dreamer”, junto a Talib Kweli (también está presente en el álbum otro amigo del barrio, Madlib: el condado de Ventura no se distingue por su alta tasa de criminalidad). This one is for all the little dreamers, and the ones who never give a fuck. Y como soñar no cuesta, acaba creyendo que su discurso puede ser útil. Crystallize the word to make it clear for you, and make revolution irresistible.

Un artista de color capaz de reconocer la influencia de The White Stripes, más allá de ser blancos, está admitiendo la manera indie de ver el blues; la que puede disfrutar tanto de Arrested Development como de Public Enemy. “Surf” de Donnie Trumpet sería el otro referente. De algo le sirvió a Anderson trabajar en una granja de marihuana. Don´t stop now, keep dreaming. Repítelo unas cuantas veces sobre su tonada impagable y verás abrirse los cielos.