Es el mejor álbum que podíamos esperar de un grupo de rock en su tercera década de existencia, y un trabajo soberbio de la última banda importante que queda en el universo” (prettymuchamazing.com). No hay mejor manera de definir “A Moon Shaped Pool” (XL 2016) de Radiohead tras sumergirse en sus -aparentemente- tranquilas aguas.

Como defensor de la banda en todas sus etapas, estoy exultante. Hemos dado muchas vueltas para llegar hasta aquí, más de veinte años desde que Thom sintonizó con todos los perdedores del rock en aquella frase de “Creep” disparada con el inmortal hachazo de un acorde mudo. Yo soy una mierda, y tú tan jodidamente especial. So fucking special. Los distintos campos temáticos abordados por la banda desde entonces siempre han tenido que ver con la sensación de impotencia que cualquier individuo siente ante el rodillo cotidiano del Sistema, sea en el apartado de las relaciones personales como en el político. El sentimiento de insignificancia, en comunión, se convertía en su fuerza.

Parte de la relevancia del disco radica en su introspección. Es, a su manera, lo que “Automatic For The People” supuso para R.E.M. Las cosas, reposadas, se entienden mejor, y muchas de estas canciones llevaban años dando tumbos en la trastienda de su repertorio hasta cobrar un sentido unitario gracias a la sutileza de los arreglos (chapeau, Nigel Godrich). Incontables pasajes invernales hielan nuestra espina dorsal, con el piano reinando tras la voz de Yorke. Y, sí, tienen razón quienes se quejan del tono excesivamente plañidero con que la suele utilizar, pero la sensación de conjugar el estado de ánimo musical con los textos desarma cualquier argumento en su contra. Siempre de puntillas, pequeño, a punto de descomponerse, todo lo más algún ritmo fílmico sinuoso -caso de “Ful Stop”– para contrastar con el intimismo ceremonial litúrgico de abadía dominante.

Mi pregunta a los escépticos. ¿Están por fin preparados para abrazar a Radiohead? ¿Están dispuestos a dejarse emocionar por la frase dreamers they never learn beyond the point of no return de “Daydreaming”? ¿O different types of love are possible en “Desert Island Disk”? ¿Y have you had enough of me, sweet darling, sweet time, sweet dark de “Decks Dark”? ¿Qué tal it´s no one´s mess but mine that all this love could be in vain…in you I´m lost de “Present Tense”? ¿Pueden sentir la pena de su desasosiego sentimental? ¿O el alegato político -subliminal en “Burn The Witch”– fulminante cantando we call up on the people, people have this power, the numbers don´t decide, your system is a lie de “The Numbers”?

El mazazo definitivo llega con una revisión de Yorke solo al piano de “True Love Waits”. No sé cuándo ni cómo, pero si él lo dice así –I´m not living, I´m just killing time, just don´t leave…don´t leave– mantendré la fe mientras se me deshace el corazón: el amor verdadero no se esconde, sino que se exhibe en toda su plenitud en este estanque con forma de luna. No es empatía. Es complicidad.