La carrera de Maika Makovski continúa sigilosa, y con paso firme. Parece mentira que tras su debut con “Kradiaw” en 2004 todavía su música -versátil, incómoda, y en constante evolución – siga esperando un reconocimiento más amplio. Ni el cambio a una multinacional, ni el apoyo en la producción de John Parish han conseguido que la mallorquina, de orígenes andaluces y macedonios, sea algo más conocida dentro de los márgenes del indie. Pero claro, la imagen que proyecta Maika se mueve dentro de unos parámetros tan intuitivos y permeables, que se alejan de los departamentos estancos y zonas de confort del “indie de manual”. El sambenito de la PJ Harvey nacional la persigue desde años, pero ya saben que el tuerto es el rey en el país de los ciegos. Quizás si ella residiera en Nueva York las huestes de Sonic Youth estarían bebiendo los vientos por ella. Nada importante, ella sigue a lo suyo que es hacer buena música alejada de coartadas más o menos cool.

Chinook Wind” (Warner, 2016) -título enigmático como casi todos los de su obra- remite a horizontes lejanos y a puestas de sol y cuenta de nuevo con la exquisita ayuda de Parish a los controles; tras cuatro años de silencio discográfico vuelve la mallorquina afianzando un pentagrama sereno, confesional, y siempre dispuesto a ser reescrito a la marcha. Atrás quedaron los sonidos crispados y turgentes, de un expresionismo amorosamente tosco en ocasiones. Aquí Makovski se reencuentra con su pasado -según la autora, el retorno a su Macedonia paterna le sirvió para llenar muchos vacíos existenciales-, e intenta inventariar y pasar página a los múltiples reveses que hicieron desestabilizarla emocional y mentalmente. Sin pudor, y alzando la voz con orgullo.

Abre “Canada” elevando etéreos destellos al abrigo de un lirismo y una voz que remiten a la gran Sandy Denny. Impresionismo de pies descalzos y mirada huidiza. Con un perfil más anguloso se presenta recordando el final de un romance en “I Want To Cry”, y en “Blonde Poetry”- cuya linea melódica la pespuntea una batería programada-, suelta por su boquita preciosos versos del tipo “Cause you make me feel Like I’m long, long and endless you make me want to be forgotten”. La batería también marca el ritmo sinuoso de la orgullosa “Not In Love” para luego dejar paso a los vientos que la hacen volar por los aires; y el disco llega a su final con“Makedonija” en el que tensión y dulzura se confabulan hasta el último surco.