Connor Burnett es un jovencísimo músico de Atlanta que se esconde bajo el alias de Pleasance House, donde da rienda suelta a su vena más folk (o, si lo prefieren, a sus canciones más acústicas). Cuando lo hace bajo el de Post-Pleasance House los que se imponen son los experimentos con el sonido -voces, latidos drone– y sus posibilidades de moldearlo como si fuera plastilina.

Aunque circunscrito exclusivamente a la escena local, alguna que otra actuación subida a la red deja patente para el resto de la humanidad su habilidad con la guitarra –arpegia que da gusto, así que la correlación subconsciente con Nick Drake no se antoja ninguna tontería-, pareja a su timidez sobre el escenario –otro punto en común con inglés-. Después de una serie de interesantes grabaciones con el primero de los sobrenombres, ha ido evolucionando hacia una sencillez y minimalismo que de una u otra manera ha ido teniendo su traducción estética en cada una de las portadas. Del indisimulado barroquismo y progresía del principio ha pasado a una mayor concreción y serenidad en las partituras, características que se trasladan de manera fidedigna al aspecto gráfico.

Any Gracious Heart” (2016) es el momento que corresponde con esa limpieza y, por ello, se impone llamar la atención en tiempo real sobre ello. Y eso que -cosas de la velocidad digital- ya dispone de un nuevo single subido poco después de dicho álbum. Para los que no pueden resistirse a las caricias prístinas de Innocence Mission“Ways”– o a las confidencias suspendidas de Trembling Blue Stars“Second Home”, “Bensalem”– cinceladas con sutiles armonías psicodélicas –“There and Gone”– no harían mal en asomarse a su discreto encanto, coronado por la resolución cinematográfica que termina imponiéndose en “The Vanity of Toil” (¡qué poco molestarían unas cuerdas según va avanzando!) o por ese “I Will” que ya desde los primeros acordes secuestra los sentidos gracias una melodía que se va regodeando en su propio hechizo, quedando ésta reducida al final a la mínima esencia.