Una serie de contratiempos, desde que dejó Oregon, han marcado la elaboración del nuevo álbum de Laura Gibson. ¿Son bagaje suficiente o tan solo sirven de excusa promocional? Lo que importa es lo que suena. Y quienes han respaldado a Laura, como el productor John Askew, el percusionista Daniel Hunt (Neko Case), o un Peter Broderick siempre con la sensibilidad en primer plano.

Y es que la fórmula de “Empire Builder” (Barsuk 2016) es sencillamente -por sencilla- maravillosa. Su voz confidente transmite sin alzarla ni quedarse en el susurro. Es de una pureza cristalina -la diferencia con la de Joanna Newsom es que el tono vocalizando de Gibson desprende naturalidad- que conquista enseguida. Empieza “The Cause” con voz y percusión seca para rápidamente humedecerse con la entrada de más instrumentos. “Damn Sure” es ya porcelana de alta calidad. ¡Y qué exquisita delicatessen la de “The Search For Dark Lake”! ¡O el fino deje country de “Two Kids”! Por supuesto todo se magnifica gracias al violín de Broderick, con un tour de force final -seguidas “Louis”, “Caldera, Oregon” y “The Last One”– para dejarte mirando las estrellas sin saber en cuál de ellas te instalarías con este álbum para observar lo terrenal. Y alegrarte por estar tan lejos.