He aquí un álbum cuyas reseñas, pocas y tibias, harán pasar desapercibido injustamente. Quizá porque no atañe a un estilo pujante (canciones de pop-rock, sin más). Porque su discográfica ha perdido pegada entre los indies recalcitrantes. O porque la banda escogió su nombre como homenaje a un disco de Bob Seger. Cierto, pocas cosas puede uno esgrimir para que en un futuro inmediato Night Moves acaparen portadas.

Que las acapararían si en el universo musical se mantuviese la premisa de que un gran álbum es una colección de grandes composiciones. Porque cuando se avanza en los recovecos melódicos combinados con los arreglos de “Pennied Days” (Domino 2016), empezamos a preguntar quién es el responsable de la grabación. Quién está detrás de esto. ¿Dave Fridmann? No. Demasiado limpio, aunque no puede negarse que “Denise, Don´t Wanna See You Cry” -que recoge el retintín estirando las voces de “Hey Tonight” de Creedence Clearwater Revival– es un single perfectamente imputable a Flaming Lips. Ah, se trata de John Agnello, quien ha dejado su vertiente turbia en aras de impulsar la melodía sin perder la épica. “Border On Border” tiene entrada de piano Beatles y estilete de guitarra fino tipo George Harrison. Dos o tres temas combinan impulso rock sobre olfato pop tal que The Maccabees rastreando a Fleetwood Mac.

Mis momentos favoritos del álbum se encuentran estratégicamente situados. El despegue fulgurante con “Carl Sagan” arma a la defensa con argumentos irrefutables. En medio está el rasgueo sublime -por un instante piensas en East River Pipe– de “Kind Luck”. Y antes del final, el falsete ornamentado de “Alabama” -no me hablen de Bruce Springsteen o Bonnie Tyler: no cuela- sentencia definitivamente las virtudes de otro manojo de canciones para estimular la esperanza de los adictos a lo clásico.