La música de Klein tiene un poder de fascinación que es proporcional a su grado de extrañeza. Los sonidos de la productora nigeriana son ondulantes, de hipnótica belleza; son temas que en muchos casos parecen que emerjan de un sueño muy profundo, como si fueran cantos espirituales de ultratumba. En otros momentos estos temas se morfosean en vigorosos retazos de soul futurista, o en serpenteantes collages sonoros cuyo andamiaje son samplers extraídos de su colección de discos. En otros momentos parece un cruce entre  Alice ColtraneBrandy, y en otros…Afincada en Londres, la precoz artista debuta con “Only” (Howling Owl, 2016) que se puede adquirir en un único formato: un bonito pendrive en forma de corazón que, además, puede hacer función de collar. Estamos ante un debut formidable compuesto por canciones de corta duración en su mayoría que, como he comentado anteriormente, seducen por su enrarecido magnetismo.

Unos temas con un poso narcótico -no solo potenciado por la dicción sino también por el devenir moroso- que hurga en las intimidades de Klein unas veces a ritmo de soul crepuscular como en “Gaz City”– que parece un descarte de Tricky cantada por Martina Topley Bird, y en otras gemas como “Fine Wine” empieza suave con aromas jazzy, y el sampler construye un alocado muzak que simula ser ¿footwork?¿grime?. En otros momentos del disco -“Chrismas Thirst”, “Crime”– parece acercarse a la estética de Hype Williams -dicen de ella que su música responde mucho a lo que viene haciendo Dean Blunt-; y uno de los momentos más bellos nacen de “Arrange”, en la que una Klein casi en trance, recita versos y se deja mecer por unos sonidos entrecortados, fantasmagóricos, ondulantes, que son las señas de identidad de una artista más que prometedora. Un disco excelente.