Tengo serios problemas para asimilar las aparentes razones por las que se producen los revivals; por ejemplo el del grunge: está promovido por músicos que nacieron más o menos durante las fechas de su apogeo. A mí sin embargo no me interesó especialmente el estilo vigente cuando nací. ¿Entonces? Solo lo entiendo si pienso que influyó en jóvenes que entonces tenían doce años y que, cuando ellos andaban por los veinticuatro, influyeron en mí (con doce).

En cualquier caso, la escena actual viene asistiendo a un incremento de cantautoras enarbolando aguerridas su guitarra eléctrica con mayor o menor austeridad: Waxahatchee, Torres y Angel Olsen empezaron en clave lo-fi y han evolucionado -con la edad, el gusto y el presupuesto- a un sonido más elaborado. Como una contemporánea del grunge en sus albores, PJ Harvey.

Ahora le toca el turno a Margaret Glaspy, californiana procedente de la escena folk de Boston, que se ha trasladado al barrio de los acordes secos nineties, aunque nunca tan doloridos como los de la entonces joven PJ. La fórmula viene licuada para ser más digestiva, sin estribillos reconocibles pues no parecen casar con el talante de los textos. Con tonight I´m a little too turned on to talk about us, and tomorrow I´ll be too turned off and won´t give a fuck about you and I arranca Margaret “You And I”, y en “Memory Street”, una de las mejores, sentencia and I hear your voice scream my name, and I tell you to go back to wherever the fuck you came. Ciertamente, “Emotions And Math” (ATO 2016) es un disco de resonancias sutiles y lenguaje muy directo, tanto en la utilización de las palabras como en los sentimientos descritos. No obstante, aún pareciendo desnuda, lo que hace es mostrar el esqueleto más allá de la carne. Y ni siquiera la tendencia al amaneramiento de la vocalización en un par de ocasiones -como “Somebody To Anybody” y “Parental Guidance”– es capaz de deslucir lo que luce sin lucir: más o menos cruda, la música de Margaret Glaspy versa sobre el amor. Torcido o no.