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Deberían Big Thief ejecutar los acordes con guantes; por dos razones: para no electrocutarse con lo intenso de sus electricidad, y porque lo hacen con suma elegancia. Debutan desde Brooklyn sin complejos. Título del álbum, “Masterpiece” (Saddle Creek 2016). Está edificado sobre una guitarra que habla más en sus ecos -que devienen silencios- que buscando el estruendo, siempre con la voz íntima de Adrianne Lenker poniendo el sentimiento preciso a sus propias composiciones.
Engaña de entrada al recurrir al lo-fi para abrir con un folk de mentirijillas en “Little Arrow” pues enseguida el tema titular pone las cosas en su sitio. Hay mucho de femenino en los entresijos de cada canción, destacando la manera que voz, arpegio y percusión dibujan en “Vegas” la tristeza dulce. El tono confidencial susurrado en “Interstate” ablanda la hipotética tensión que pudiera esgrimir la guitarra, e incluso se perciben en la escala melódica de “Paul” las líneas maestras -arreglos secos, vibración en las resonancias, la pasión en primer plano- enseñadas al mundo hace muchos años por Mary Margaret O´Hara. Esperemos que el tiempo confirme los buenos augurios mostrados por este primer disco.