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Teresa y Luis se toman con calma el proceso creativo. Les gusta mimar cada estrofa, cada detalle de producción, cada nota cantada. Paso a paso van desgranando uno de los cancioneros más apasionantes que uno pueda escuchar. A ellos les gusta fantasear con personajes muy arraigados a un folklore imaginario, quizás un folklore que sólo existe en su mente. Hace años, en este blog Miqui Otero decía que “[…] La línea que sigue Espanto sería ese pop que parte de la introspección y que, casi por azar, toma el pulso a cada época. Que no tiene vocación de abanderar nada ni de pastorear a nadie, pero que mediante las obsesiones y neuras totalmente personales e intransferibles conecta con un montón de gente que siente las mismas cosas […]”. Con “Fruta Y Verdura” (Austrohúngaro, 2016) inciden en desentrañar los múltiples misterios de lo cotidiano. Versos inspiradísimos cuyos diferentes niveles de significación se conjuran con lo mítico, y lo mágico, y el poder de la imagen y el símbolo, y con los espacios abiertos -el bosque como marco geográfico-anímico referencial, y la pantanosa prosa de James Frazer (uno de los fundadores de la antropología social en el siglo XIX) en su vasto compendio de raíz enciclopédica sobre la magia y la religión titulado “La Rama Dorada” como influencia literaria y estética-.

Un disco de pop mayúsculo que ha contado de nuevo con la ayuda inestimable de sus mayores fans: Genís Segarra poniendo su particular sello en la producción, y Carlos Ballesteros confeccionando un radiante mosaico como portada que quiere ser un guiño a Jheronimus Bosch, y un precioso alegato a favor del acto subversivo de la mirada. O igual es sólo simple arte en fuga.

Las canciones son inagotables. Abren al son de mellotron, campanas, y sintes con “Morirás” en una preciosa oda a no tomarse muy en serio (a uno mismo) la vida; en “Un Loco En Una Isla” se vuelven a escuchar campanas, y una guitarra eléctrica heavy, y algo que parece un acordeón, y a Teresa intentar rimar versos tan extraños como “un loco en una isla puede ser cualquiera que se despista” mientras que “Atravesado Por El Rayo” suena a danza pagana alrededor del fuego.

El musical a lo Cole Porter o Carl Stalling  llega con la maravillosa “La Selva” en la que apuestan por el escapismo y el salvajismo; “Lágrima De Glitter” empieza muy parecida a “El Rey Del Glam” y trata de encuentros inesperados y lágrimas que “van cayendo como un río de agua helada sobre la conversación”. La melancolía de Stephin Merritt y Javier Aramburu preñan de hermosura la brutalidad de “Ritual De Iniciación”, y “Mal Salvaje” es canción protesta a la manera Espanto. La muy Hidrogenesse “Insecto” Espanto goes disco– precede a “Espíritu Del Bosque” cuyos versos implorativos son acunados por una línea melódica de sones ancestrales. En “Diamantes” fabulan sobre cómo combatir el mal a ritmo de serpenteantes bases pregrabadas, y acaba este triunfal recorrido con la épica nocturna de “El Tigre Y yo”. Yo quiero vivir por siempre en los surcos de este disco.