craft

He aquí algo nuevo elaborado con retales del pasado. Tiremos de un hilo recientemente desenterrado debido a la fatalidad: la parte musical del Bowie deudor de Dylan. Un filón muy personal que Kyle Craft ha estudiado con minuciosidad para sentar unas bases de partida con su primer álbum “Dolls Of Highland” (Sub Pop 2016). ¿Estoy simplificando demasiado debido a la estructura de “Balmorhea”? ¿Puede ser causa de una mala lectura de su repertorio?
En parte sí. Porque Kyle tiene un par de vertientes plebeyas combinadas que le dan ese punto personal a su música contra todo pronóstico, pues en apariencia no es nada original (además con una voz semiestridente no apta para todos los paladares). Las dos características: su origen sureño (de Louisiana aunque afincado en Portland) que conlleva la inmediatez de lo clásico, en una suerte de música más de taberna que de pub gracias al piano saltarín (lo primero que destaca al empezar “Eye Of A Hurricane”); y su apego al glam rock, tanto en la chispa sonora como en la temática de los textos (historias de strippers y otros asiduos a la noche cabaretera low cost).
Todo ello desemboca en un mejunje de influencias disparatadas -queer, bayou, la voz que a veces, como en “Future Midcity Massacre”, es de un histriónico recordando a “Bat Out Of Hell”– a la postre fascinante. Porque presentimos que, si vamos al fondo de la cuestión -ahí está la balada Beatles de “Trinidad Beach (Before I Die)”-, aquí se ha disfrazado el talento para no mostrarlo tan obvio desde el primer disco. I´ll think of you babe while I´m kissing her/……/he never kissed you the way that I did. Entre las dos frases del epílogo con “Three Candles” se yergue una rima absolutamente apasionada que deja al descubierto el potencial de Kyle Craft. Crece muchísimo con el paso del tiempo.