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So long honey, baby
Where I’m bound, I can’t tell
Goodbye’s too good a word, babe
So I’ll just say fare thee well
I ain’t a-saying you treated me unkind
You could have done better but I don’t mind
You just kinda wasted my precious time
But don’t think twice, it’s all right.
El epílogo del tema “Don´t Think Twice, It´s All Right” del premio Nobel de literatura Bob Dylan. Dedicado, con la rabia disimulada en cada sílaba, a todas las parejas que nos han desgastado; y un guiño a Michael Kiwanuka: no hace mucho comentó que era su canción favorita. Desde que lo sé, me cae mucho mejor.
Visto así, no es de extrañar que su primer álbum se edificase sobre un soul pastoral deudor -a su nivel debutante- tanto de Van Morrison como de Ray LaMontagne, sin el nervio de Richie Havens ni la condescendencia del ignorado Ted Hawkins. Acústicas suavemente orquestadas para el lucimiento de esa voz de color británica con genes de Uganda (otro dato al azar: de este país africano despuntó años ha en Real World un cantautor africano llamado Geoffrey Oryema). Un buen disco para quienes puedan imaginar la parte silvestre de Ryley Walker con otra voz.
Muy distinto es el efecto producido al empezar a escuchar el segundo, “Love & Hate” (Polydor 2016), dominado por los diez minutos iniciales de “Cold Little Heart”. Con un primer tramo instrumental que remite por igual a “Hotel California” y “Wish You Were Here”, engarza un ritmo tras la pompa donde Michael saca esa voz que brilla bañada en el vacío creado por la resonancia (como Curtis Harding). Aquí ya no predominan las guitarras acústicas, sino ritmos de color manipulados por Danger Mouse, muchos de ellos secos -la denuncia de “Black Man In A White World” funciona, aunque me gustaría escucharla en una versión más nerviosa de, por ejemplo, Benjamin Booker– con astillas de madera vieja, como los ecos fascinantes de “One More Night”. Y esta aspereza consigue en ciertos tramos llegar íntima y nocturna (“Rule The World”). Incluso afilando la guitarra en su ..ejem… “Purple Rain” particular (“The Final Frame”).
Solo un pero. En muchas piezas sobran los coros ostentosos. “Place I Belong” por ejemplo podría aglutinar lo mejor de Marvin GayeIsaac Hayes y Curtis Mayfield, quedándose sin embargo en el purgatorio debido a los agudos angelicales. Después de muchas escuchas se llega a la conclusión de que, lanzados a modo de avalancha, tapan las virtudes emotivas del autor, cuestionando el sentimiento vocal en aras de la épica. Imaginemos “Love & Hate” sin ella.