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El nuevo disco de la sueca Sarah Assbring, quinto en su carrera bajo su proyecto El Perro Del Mar, abre un nuevo abanico de posibilidades en su paleta cromática. “Kokoro” (Control Group, 2016) sitúa a la artista escorada hacia un pop con influencias de la cultura china y japonesa, el sampler, y el thaipop de los 60. Tal y como he podido leer en alguna entrevista, la Assbring ha encontrado un nueva senda de expresión, y se siente la mar de a gusto experimentando con una gama más amplia de instrumentos. En este álbum -la palabra “kokoro” que viene a significar “el corazón de las cosas” en japonés- se postula como una inquieta compositora que se reinventa, y aparca por un momento (no del todo, pero casi) los sonidos inspirados en la estética retro de los girl groups de los sesenta, las armonías motown, y demás malabarismos en pos del estribillo pegajoso.

La puerta de entrada a este bellísimo e inspirado largo es el vídeo de la canción que sirvió de adelanto, y desde ya una de las canciones más embriagadoras del año, “Breadandbutter”. Un vídeo que me recuerda al marciano cromatismo de “Sayat Nova” de Sergei Parajanov (estupenda película si no la han visto), y que mediante sus cálidas  y poéticas imágenes envuelven un tema vigoroso y serpenteante, en el que uno se puede imaginar a St. Vincent enrolada en una orquesta de folklore chino o de Oriente Medio.

Estas exóticas influencias están bien asimiladas, y nunca tienes la sensación de que sea un mero divertimento sin sentido, o un capricho. Todo calza a la perfección consiguiendo a lo largo de la secuenciación de los temas un todo coherente, a ratos distante, y  siempre inspirador. En “Endless Ways”echa mano de su bagaje dream pop, y los arreglos de cámara potencian las similitudes con Julia Holter; el skyline de un Tokio nocturno e imaginario se nos revela en “Ging Ging”, con versos preñados de melancolía  “Happiness, whatever it means. It’s not enough”. Si aún sigues prefiriendo a la Sarah de antes, seguro que te encantará  “Kouign-Amman” y su spectoriana esencia, pero un servidor se queda con la enorme “Hard Soft Hard”, un softpop con toques africanos y flauta que no desentonaría en un recopilatorio de Ariel Pink.