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Furfour” (Thrill Jockey 2016), cuarto disco de este inclasificable dúo londinense, es uno de los álbumes más extraños y al mismo tiempo hermosos que he escuchado en mucho tiempo. Y lo verdaderamente extraño es que, dado el bagaje musical de Alexander Tucker y Daniel O’Sullivan –siempre más próximo a la experimentación sónica que a la confección de canciones -, “Furfour” es un disco razonablemente accesible y está plagado de bellísimas melodías. Es cierto que Grumbling Fur siempre habían mostrado una peculiar sensibilidad pop que asomaba intermitente en medio de sus mareas sónicas, dotándolas de un misterioso e irresistible –al menos, para mí- atractivo. Pero es que en “Furfour” han roto definitivamente la baraja y han creado, en mi humilde opinión, una de las obras clave, no ya del 2016, si no quizá, de toda esta década.

The Quietus –descubridores e impulsores en gran medida de este grupo- comparaba la música del dúo a la del Brian Eno de sus primeros discos en solitario y me parece un muy certero punto de partida. Hay algo dulce y familiar y al mismo tiempo, distante e indescifrable en estas canciones. En ese sentido, y aunque sus parámetros musicales se alejen un poco, me recuerdan mucho a Family, y la hermosura incomparable –e inescrutable- de sus canciones. “Furfour” es en todo caso, un disco más abigarrado y amplio que “Un soplo en el corazón, y si bien se puede decir que parte de cierta excentricidad pop británica muy 70’s (“Hunky Dory” de David Bowie es uno de los discos que me viene a la mente constantemente), se adentra sin complejos en el resbaladizo terreno de los 80, para salir triunfador. Porque lo cierto es que aquí hay ecos de los primeros Depeche Mode o de Japan, y hay incluso momentos que recuerdan la ampulosidad de…ejem… Tears For Fears? Simple Minds? y lo desarmante es que funcionan. Todo encaja, y lo hace además sin recurrir a un cierto aire cínico y postmoderno a lo Ariel Pink, si no de forma diáfana y profundamente emotiva.

Para terminar, no conviene llevarse a engaño, “Furfour” no es un disco nostálgico ni tiene ninguna intención de revival. Grumbling Fur indagan en nuestra memoria y la agitan para que reinterpretemos el presente. Jamás he escuchado un disco como este, y por eso invito al lector a descubrirlo.