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La pericia de este hombre-orquesta afincado en Nuevo MéxicoEli Thomas, Balue para los amigos- consiste en sonar constantemente a muchas cosas sin llegar a adentrarse nunca en las procelosas aguas del mimetismo o la malversación impúdica. Y a sonar a muchas de ellas sin apenas moverse de unas coordenadas muy determinadas que podríamos denominar bedroom jangle pop para oídos deudores de los últimos ochenta y principios de los noventa.

Mac DeMarco –del que Thomas se confiesa admirador, dicho sea de paso- podría estar agazapado tras la inicial “Hieroglyphics”; el burbujeo melódico de The Russian Futurists –sin coartada electrónica- bajo “High Lows”; el arte de producir semejantes alaridos adictivos a los del primer Frank Black asoma en “Dream Guide”; “Summer Lovin’” parece un bonus track del “Submarine Bells” de The Chills, y tanto “Good Reason” como “Hands” parecen escritas expresamente para R. Stevie Moore (o, en su defecto, con vocación para ser versionadas ipso facto por el de Nashville).

Pero no se engañen: “Wavy Daze” (Lunar Ruins, 2016) es, independientemente de las pistas que uno le ponga para situar su oferta (no dudo de que ustedes están en condiciones de encontrar otras muchas: de hecho les animo encarecidamente a jugar hoy mismo a ello) es un disco infeccioso, pegadizo y buen fajador: sale vivo de las posibles comparaciones y de las diversas incriminaciones con imaginación, desparpajo y un perfecto conocimiento de los resortes de la tradición pop independiente de los últimos treinta años.

Es un álbum mecido por la nostalgia constante del mar, por unas letras inaprensibles –que combinan a la perfección con la portada- y un sentido post-psicodélico y post-shoegaze del surf-pop: rabioso y aislacionista a partes iguales, pero altamente evocador y travieso. Y por la búsqueda perentoria en algo en lo que creer: ahí están versos con toda la intencionalidad del mundo como “From the Christian era/in the folds of my mind/I’ve been chasing time/I need a guide” o “I’ll give praise to the lord above for the love in your eyes”. Y yo de paso doy gracias a Eli Thomas por recuperar el sentido de la visceralidad en el pop que prácticamente ya daba por perdido.