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Algunas reseñas han sido crueles con “Golden Sings That Have Been Sung” (Dead Oceans 2016), seguramente debido a las altísimas expectativas creadas por el anterior “Primrose Green”, donde Ryley Walker hacía magia con sonidos olvidados del folk británico, tanto en tramos bucólicos como buscando la tensión. ¿Que el artista haya virado hacia sonidos imprevistos puede propiciar que algunos se ensañen en su afán de exigencia?
Porque el álbum es una maravilla de ambientación. Sonido de acuarela y aguas calmas, de neblina matinal en la bahía de San Francisco, atardecer en algún canyon angelino o puesta de sol en Malibú. Elaborado con influencias de músicos de Chicago, producido por LeRoy Bach (Wilco) e interpretado por músicos como Ben Boye, Anton Hatwich (ambos colaboran en el retorno del gran Harvey Mandel) y Brian Sulpizio (…mmm…¡ese disco de Health&Beauty!).
Hay mucha madrugada en las escobillas y los detalles de guitarra de “Funny Thing She Said”, mucha atmósfera excelsa en “The Great And Undecided”, y desarrollos con espacio para improvisar en los seis minutos de “Sullen Mind” (en la edición cara del álbum viene un segundo disco con una versión en directo de 41 minutos).
Cierto, no se puede decir que sea mejor trabajo que “Primrose Green”. Tampoco peor. Simplemente distinto.