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Brian J. Sulpizio, ese hombre. Sea con su guitarra o como ingeniero/productor -no digan que no tiene mérito apadrinar a una banda thrash punk llamada Lechuguillas con un cassette llamado “Long Live The Chupacabra”-, trajina desde el año 2003 en Health&Beauty a un nivel alternativo extremo. Ahora, junto a Ben Boye y Frank Rosaly, ha publicado su sexto álbum “No Scare” (Wichita 2016), primero de repercusión internacional.
¿Qué ha cambiado para que su nombre salga de las catacumbas de Chicago? Pues que los dos primeros han participado -y muy activamente- en el disco nuevo de Ryley Walker. Y, escuchando los dos productos, se puede comprender la relación, pues hay un componente de improvisación -además de otros más discutibles- atractivo para un Ryley cuando decide soltar amarras.
Lo que gusta de Health&Beauty es su capacidad entusiasta para hacer del caos algo digerible (como partes de “A Ghost Is Born” de Wilco interpretado por gamberros desbravados también con inclinaciones country). No se cortan mezclando estilos aunque siempre incluyen tramos de guitarra retorcidos, rompiéndose hasta dejar esquirlas hirientes. Ahí está el traqueteo epiléptico de la guitarra de “No Scare” o la más incendiaria y desgarradora “Beyond Beyoncé”. Sin embargo tienen sus detalles piadosos. A la entrada de “Wartime” tipo White Denim le pasan una pomada con aroma country que neutraliza la aspereza (súmenle a la catarsis unos coros angelicales), mientras en “Riverside Cemetery” flota la ilusión de obtener algo diferente de la conjunción barroca instrumental.
La mejor canción del lote es del 2013 y dura ocho minutos (“Im Yr Baby”, dedicada al activista Aaron Swartz), una maravilla dividida en dos partes, una primera country y una segunda sin nada que envidiar al Ryley Walker deudor de Nick Drake en “Primrose Green”.
¿Cómo resumir esto? ¿Como mezclar a Pixies con Sparklehorse? No sé, es por decir algo y no seguir con la boca abierta con cara de tonto.