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Tras veinte años de existencia, Drive-By Truckers por fin entregan el disco que pasa página definitivamente a la marcha de Jason Isbell, quedándose -ante las mutaciones sonoras de My Morning Jacket, compañeros de discográfica- como el único gran grupo de rock americano vigente. Y así lo proclaman en el título, “American Band” (ATO 2016) a secas, y en la portada: una bandera de colores muy poco resplandecientes sobre fondo de cielo gris. Es lo que ellos perciben cuando abren los ojos y miran a su alrededor.
It all started with the border. La primera frase que se escucha de “Ramon Casiano”, que versa sobre la muerte de un hispano y que avisa con claridad de la intención política de estas doce canciones, sin esconder los orígenes y atacando desde dentro -desde el sur con rock casi sureño- los problemas endémicos de la zona amén de otros del país. En “Ever South” esgrimen con orgullo -a modo de rap disimulado- el origen de su sangre, sin renunciar a la condena de todas las barbaridades que se cometen en nombre de (o contra) cualquier raza. El asesinato masivo en un colegio de paraje rural en “Guns Of Umpqua”. La gran frase final (the greatest separators of fools from their money/ party harder than they like to admit) de “Kinky Hypocrite”. O “What It Means”, este monumental himno contra el racismo sin desperdicio (I mean Barack Obama won and you can choose where to eat/ but you don´t see too many white kids lying bleeding on the street….and when they turned him over, they were surprised there was no gun…and that guy who killed that kid down in Florida standing ground/ is free to beat up his girlfriend and wave his brand new gun around…cause we´re standing at the precipice of prejudice and fear…and our heroes may be rapists who watch us while we dream). Se grabó de modo premonitorio antes de que Donald Trump fuese elegido -quizás ya oliendo el recuento, vistos los sondeos de opinión ante una cerveza en el bar-, para dejar constancia en el pentagrama de lo enfermo que está el Sistema.
Arropados por ese bloque sonoro de peso (casi Springsteen, con el teclado fondón, suena “Filthy And Fried”) y por las emociones personales, Mike Cooley y Patterson Hood están con los cinco sentidos puestos en sus canciones. Y nosotros deberíamos poner los nuestros al escucharlas. La misión entre todos es la de corregir la perversión -política,mediática- del poder, para volver a ponerlo al servicio de mayorías conscientes y dialogantes. Con suerte, los norteamericanos solo tardarán cuatro años. Nosotros….ufff.