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Numerosos contratiempos ha sufrido Conor Oberst desde la elaboración del álbum anterior. En primer lugar, le afectó sobremanera una acusación de violación magnificada por el efecto viral de Internet -finalmente sobreseída- a la que se unieron efectos secundarios en la salud -presión alta, asomo de depresión, un quiste cerebral no dañino- y la consiguiente cancelación del retorno de Desaparecidos.
Al parecer todo ha quedado atrás o reducido a una mínima prescripción facultativa, pero la desnudez de “Ruminations” (Nonesuch 2016) de algún modo refleja las secuelas. La voz de Conor en solitario, al piano o con acústica en el más puro estilo cantautor de Omaha, destripando sus fantasmas. Suena muy vulnerable, sea cual sea la temática -política, alcoholismo, suicidio- debido a lo espartano de la grabación, hogareña a modo de reflexiones en voz alta. En “A Little Uncanny” sobre Jane Fonda, Ronald Reagan (he made a joke of the poor people and that made him a saint, but he was rich enough, he was handsome like John Wayne…I´ll miss poor Robin Williams) y la hipocresía mediática. En “Counting Sheep” sobre el insomnio pensando en el quiste. Y en “Next Of Kin” con una alusión subliminal contra la mitomanía, que al fin y al cabo considera la causante de la demanda: los famosos están expuestos a cualquier libelo, con menor protección legal para su defensa. La canta sin rabia exterior, pero destilando una noble acritud.
No es su disco más rico en detalles, pero sí uno de los más emocionales.