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Los amantes de las voces señoriales están de enhorabuena. Trevor Montgomery, alias Young Moon, la tiene. De ésas que te abrazan y te abrigan cuando necesitas proteger tu alma de las inclemencias del exterior.

No la tiene tan áspera como Greg Dulli aunque, si apurase su registro, podría suplirle si un día se le infectan las amígdalas. Tampoco tiene el pedigrí de Mark Lanegan -ya no digo Nick Cave– o su veneno de serpiente de cascabel mezclado con alcohol. Pero su segundo álbum “Colt” (Western Vinyl 2016) se mueve en la zona de confort del Bruce Springsteen en solitario, mezclando la intensidad de su tono barítono con un fondo regio febril (“Deep Breath”, “Summer `09”). Con inclinaciones al indie (“Fell On My Face”) y sobre todo a la gravedad de The National (“Colt”, “Krishna”) por la seriedad de los teclados. Por mucho que se enfatice su procedencia de San Francisco, la música se yergue desde las anclas de los muelles de las afueras de Nueva York.

La rúbrica es una balada de rock a ritmo de vals, de mechero y bajada de telón, tan grande como el resto del disco entero. O cuando lo convencional no quita lo valiente.