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Que un grupo -famoso o no- publique dos discos en un mismo año no es habitual. Menos si ambos contienen material -casi- inédito. Y mucho menos si ambos mantienen un nivel cualitativo por encima de las tres cuartas partes de la discografía de Dr. Dog.
El primero se publicó nada más empezar el año, y se trata de una deuda pendiente. Una grabación embrionaria de la banda -una cinta amateur de hace 15 años- revisada con todas las comodidades tecnológicas del presente. “The Psychedelic Swamp” (Anti- 2016) reflejaba tanto el potencial futuro de estos chicos de Philadelphia que está muy poco por debajo del listón de “Easy Beat”, su despegue popular, con aquella dinámica lo-fi ahora domesticada –“Hole In My Back”-, despreocupada por esconder su entusiasmo.
Un inciso al respecto de “Easy Beat”. En su reseña de 2005 Pitchfork lo condenó con un suspenso (y a casi toda su discografía posterior a modo de caza de brujas editorial: distintas firmas jamás les han dado un mísero 7) “por estar apoyado por un crítico influyente”, como si ellos no fueran influyentes soltando elogios a discos sin merecerlos. ¡Ay de nosotros con estos padres de la razón!
Volviendo al disco que toca, dos piezas se han promocionado en su recuperación, una brillantísima “Bring My Baby Back” y la no tan inmediata “Badvertise”. La fijación Beatles se percibe en las maneras de los coros -atentos los fans de “Abbey Road”– de “Swamp Descent”. Escuchado hoy “The Psychedelic Swamp” con su traje nuevo, una vez terminado con el vals casero cibernético “Swamp Is On”Liverpool, The Mothers Of Invention, Archies-, se entiende la reputación posterior de Dr. Dog entre los cazadores de melodías con debilidad por los traviesos.
El segundo trabajo del 2016 salió a la luz en sus postrimerías, solo disponible en descarga o en forma de cassette de edición limitada (450 copias) llamado “Abandoned Mansion”. Una auténtica delicia asilvestrada. Del country semibeodo de “Casual Freefall” se despega por entre joyas aferradas a las raíces. “Ladada” es una especie de country navideño perfecto, pero se queda corta ante la siguiente. Porque “Jim Song” es de esas piezas clásicas sin fecha de caducidad, como las de Dylan o los cantautores outlaw tejanos, erguida sobre la armónica y la grandeza de su simplicidad. Ni Drive-By Truckers ni Sturgill Simpson: la grandeza de la buena composición la ostentan los parias de la música. Trato de perros. Doctorados.
La segunda mitad mantiene el mástil energético de Dr. Dog arriba aunque suenan más predecibles “Could´ve Happened To Me” y “Both Sides Of The Line”, mientras “Peace Of Mind” enamora frondosamente épica, natural y sin aditivos. Y todas con estribillos killers. Cuando los veo en tan buena forma, aún me viene a la memoria una entrevista con ellos en Barcelona hace años (Rockdelux abril 2006). Sonrío cuando pienso en el título: Who the fuck are the Beatles?