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“Skiptracing” (Mild High Club). El referente de Alex Brettin tras hacerle de telonero, podría ser Mac DeMarco en lo que a manejo de las resonancias de guitarra se refiere. No obstante, el espíritu de su sonido lo coloca muy cerca de Sean O´Hagan en The High Llamas. Este combinado se convierte en una propuesta atractiva cuando se equilibran los dos ingredientes -una guitarra sucia en “Kokopelli” se remueve en la mecedora suave-, aunque tampoco se desdeña la perspectiva de The Clientele asociada a la tropicalia: “Chasing My Tail” es como estar haraganeando en la isla más remota del archipiélago de Hawai (insisto en The High Llamas), las escobillas de jazz de lobby de “Head Out” desengrasan, y la sensación de conjunto –“Carry Me Back”, “Tesselation”– invita a encontrarse muy a gusto en su pentagrama.

“Here Come The Rattling Trees” (The High Llamas). Miniaturas con envoltorio de sinfonías aletargadas, siguen los parámetros básicos del ex-miembro de Microdisney -dato poco relevante de cara a describir su música, incluso su estrecha colaboración con Stereolab: en todo caso y solo parcialmente su fijación por Beach Boys– desde que grabó en 1995 “Hawaii”. Música para tumbarse en la sombra mecido por la brisa mágica, como un susurro ambiental de media tarde melancólica. Aunque esta vez se trate de acompañar a modo de banda sonora una obra teatral retratando la vida de un barrio periférico londinense, algo no precisamente muy californiano. A Sean le ha podido la sublimación nostálgica, tal que algunas películas francesas.

“Together” (The Explorers Club). Siguen en modo híbrido (de Beach Boys) sin pestañear. Y sin obtener estribillos a la altura de los californianos, pero a un nivel notable en la escala endless summer. Con solo leer los títulos de las canciones –“California´s Callin´ Ya”, Gold Winds”, “Perfect Day”, “Quietly”– se puede predecir el estado anímico que éstas propiciarán, sobre todo las once escuchadas de un tirón si son publicadas cuando empieza el verano. Armonías perfectas como siempre: en la parte técnica estos veteranos de Carolina del Sur no fallan, irradiando tanto optimismo como haga falta para frenar, al menos durante un rato, el desánimo generado por los tiempos actuales.