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“Remember Us To Life” (Regina Spektor). Dígase lo que se diga por ahí e independientemente del ranking que ha de ocupar este álbum en su discografía, nos conmueva más o menos, escucharla siempre implica un toque de distinción. Puede no tener los rizos tan inspirados como Kate Bush, pero su educación en la música clásica y su ascendencia rusa garantizan acabados muy por encima de cualquiera de su terna; puede llamar a la puerta del aporreo dramático de Bat For Lashes (“Small Bill$”) sin sufrir rasguños; puede optar por lo voluptuoso casi prog (“The Trapper And The Furrier”) o por lo teatral (“Tornadoland”). Pero sobretodo puede resultar de sensibilidad exquisita configurando un álbum con su piano, sus deliciosas cuerdas vocales y una orquesta comedida, como en “The Visit”. Apuntando a lo elegíaco en “Obsolete” o cediendo con “The Light” a la escuela pop del Elton John de 1971. La concesión comercial de “Older And Taller” se entiende: todo álbum tiene su gancho para intentar vender.

“Will” (Julianna Barwick). El collage sonoro propuesto parece sencillo a tenor de los instrumentos utilizados. Piano, sintetizador y poco más para un efecto de ambient con coral humilde: las capas de voz, aunque con texto, parecen no contener más de una vocal por tramo. Todo dentro de un marco de placidez entre la nostalgia (pianos como el de “Beached”) y lo ascético (“Same”), con solo una pieza donde asoma la energía sintetizada (la última, “See, Know”). En cualquier club del Mar de la Tranquilidad lunar, en su área chill out, deben pinchar música así.

“The Exodus Suite” (Gemma Ray). Con casi una década de discografía en su mochila, esta autora inglesa que coquetea con la belleza sepulcral con voz serena y se arrima a la vanguardia sigue siendo plato de minorías. Su estilo queda bien identificado en el álbum “It´s A Shame About Gemma Ray” con versiones de distinta catadura (desde Gershwin y Hazlewood a Gallon Drunk, Jeffrey Lee Pierce y Sonic Youth). El último disco, tras colaboraciones pretéritas con Nick Cave -merecería que siempre la respaldasen The Bad Seeds– es un proyecto ambicioso donde convive lo líquido y lúgubre (“Acta Non Verba”) con efectos muy logrados (en “The Original One” la música es muy tenebrosa y sin embargo anda cerca de Beach House), sensación de retortijones (la dispersa y esotérica “We Do War”) y los tintes Morricone (“Ifs & Buts”). Los devotos de PJ Harvey deberían escucharla.