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“Cody” (Joyce Manor). Estos californianos van rápidos. Sus tres álbumes anteriores apenas sumaban una hora de música. Como el tercero tuvo cierta repercusión tras fichar por Epitaph, en el nuevo han estirado hasta las 10 canciones en 25 minutos. Lo cual quiere decir que han aparcado las vísceras para ofrecer más matices gracias a la producción de Rob Schnapf (Elliott Smith, Ducktails, Kurt Vile, el nuevo de Cass McCombs, etc). La estridencia punk, cuando se suaviza, entra en una dimensión donde asoma la melodía (yo los compararía a The Hotelier, insistiendo en descartar la etiqueta emo). Incluso conceden alguna miniatura acústica (“Do You Really Want To Not Get Better?”), o entran suaves (“Last You Heard Of Me”) para adquirir con aplomo el espesor eléctrico. “Over Before It Began” puede ser coreada en los conciertos, mientras “Stairs” es su primera canción de más de 4 minutos, con una guitarra cristalina al final embelleciendo el estribillo. El giro de timón les ha hecho avistar tierra firme.

“Goodness” (The Hotelier). Emo…etiquetas cargantes y difusas…comparar la voz de Christian Holden -y todo lo pasional que arrastra consigo- con Manic Street Preachers… primeros días nuevo disco no parece alcanzar cotas anteriores…el cariño que merecen canciones como “Two Deliverances” se abre paso… impulso y entusiasmo más dosificados… consiguen una épica honesta… con visos de convertirles en una banda muy valorada (RDL).

“Everybody´s Dying To Meet You” (Flowers). El pitch femenino agudo de entrada de Rachel Kennedy en “Pull My Arm” evoca a Natalie Merchant tras una subida hormonal, mientras la escolta un grupo indie juvenil intenso. Considerando que publican en Fortuna Pop! -han bajado persianas el verano pasado- y que esta discográfica tenía en nómina a Allo Darlin´ y The Pains Of Being Pure At Heart, se entiende todo mejor. Falta un poco de soltura instrumental y de riesgo -o de intención real vintage- para convencer. Aún así, canciones de calidez salada.

“Strange Little Birds” (Garbage). Pop disfrazado de rock con guitarras aceradas repateando el higadillo, revoltoso y matemáticamente eléctrico…contiene varios latigazos, algunos puntuales (“So We Can Stay Alive”), otros bien plantados en momentos clave (“Empty”), más el inefable estribillo definitivo (“We Never Tell”)…nuevas texturas rumbo a ambientes distintos, como los meandros sinuosos de “If I Lost You”, no siempre plenamente logrados… se puede discutir la necesidad del retorno…dos décadas son mucho tiempo en música (RDL).