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“Lovers” (Nels Cline). Guitarrista muy respetado en todos los sectores, Cline pone sobre la mesa un disco doble para sentar cátedra. ¿Un músico de Wilco probando con el jazz? ¿O uno de sesión bregado en mil estilos mostrando sus virtudes? Ni lo uno ni lo otro. Se podría llamar jazz a lo que practica -y más si se es blanco publicando en Blue Note- pero va más allá. Música para recostarse en el sofá con muchos cojines, repleto de guiños a la elegancia californiana, la musicalidad brasileña y las bandas sonoras orquestadas. La primera parte pulsa las distintas épocas de Broadway, sean de 1930 como de 1950, con temas -y más de uno- de Richard Rodgers, Oscar Hammersmith II o Paul Francis Webster. En la segunda los alterna con piezas de exploradores como Arto Lindsay, Annette Peacock y Sonic Youth. Bajo su sabio enfoque tampoco se diferencian demasiado, demostrando que todas, bien trabajadas, pueden sonar clásicas. Por cierto, tremendos los juegos de vientos y guitarra de “Why Was I Born?”.

“Black Peak” (Xylouris White). Música con instrumentos tradicionales de Creta -como un bouzouki con resonancias ariscas- impulsada por la pegada energética de la percusión de Jim White (el de Dirty Three). Con una voz que suena como algunas bandas británicas de folk progresivo de Island de 1970. La imaginación propone imágenes morunas sin olvidar el corro que suelen montar los helenos rematado tirando platos al suelo. Aquí estaríamos hablando de toda la vajilla. Y entiendo el apego de Leonard Cohen por el Egeo si profundizo en “Erotokritos (Opening)”.

“commontime” (Field Music). Nacieron de una costilla de Futureheads con el estigma de Steely Dan y parece ser que quieren seguir cargando con él. Te golpea frontalmente al arrancar el álbum con “The Noisy Days Are Over”: el mismo ritmo, algo menos elástico y sobrado (los músicos británicos de indie pop jamás podrán igualar en elegancia a los de la veta jazz norteamericanos), vientos parecidos y optimismo contenido. En los extremos de su radio de acción proponen síncopes tipo “My Sharona” (“I´m Glad”, “Same Name”) y alguna balada de piano (“Indeed It Is”) entre los que habría que matizar pequeños inconvenientes: cuando se busca este toque de distinción son necesarias ciertas aptitudes, ya que pueden derivar en aburrimiento tras una hora entera de grabación.