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Ya entonces se creía, o se especulaba, con la interacción ritual entre el mundo fan para crear o fagocitar a los ídolos presentes y a los venideros. Pero pongámonos a pensar, ¿qué diferencias existen entre los mitos de antaño y los actuales?, ¿la acción ritual en torno a Elvis Presley es tan diferente a la ejercida sobre Bieber?; en el plano simbólico ¿difieren mucho los significados que vertieron ese simbolismo sobre el oyente del Bob Dylan eléctrico que en 1965 se subió al escenario en aquel Newport con un auditorio abarrotado de gente dispuesta, como dijo el escritor Benjamín Prado, de ser adoctrinada, y los/las fans de del joven mamporrero que retweetean cada mensaje de su ídolo para así dotar de significado su día a día? Salvando las distancias artísticas en los ejemplos mencionados, huelga decirlo, a continuación estas líneas servirán -siempre abiertas a múltiples interpretaciones que las puedan validar o invalidar- para dar un somero repaso a los complejos mecanismos -intrincados y oscuros, y no exentos de perversa manipulación-de este nuevo culto al ídolo de masas. Podría ser el mismo Elvis Presley, Michael Jackson, o Madonna -los paradigmas son los mismos-, pero me decanto para ilustrar esta megalomanía ritualizada por ese joven -y visto por sus fans como un self-made man en toda regla- cuyo nombre es Justin Bieber. Canadiense, como lo era Leonard Cohen, aquella voz de ultratumba que quiso cambiar el sistema a navajazos, y cuyos versos contenían palabras con las que descifrar el pálpito de la vida: oscuridad, paredes, sistema, humano, Salvación, frontera, prisión, pena, estación, memoria…

They sentenced me to twenty years of boredom
For trying to change the system from within
I’m coming now, I’m coming to reward them
First we take Manhattan, then we take Berlin
2. JB, las iniciales de la catársisteen capitalista
Si me matan duele menos.
Os juro que me quiero tatuar esto en todo el cuerpo.
Esa sonrisa me da pura vida
Tweet de Elsa, fan belieber
Sofía tiene 20 años y es estudiante de Farmacia. Es una en las millones de fans interplanetarias que siguen a Justin Bieber por las redes sociales, van a sus conciertos si estos pasan por Barcelona, y el dinero de la paga que le dan sus padres, parte va destinada a comprar productos de la marca registrada por el artista de Ontario. Me dice que este año se ha gastado 200 euros entre cd’s, camisetas, una chaqueta, y demás merchandising belieber (así se denominan entre el entorno fan, aunque también como “unicornias”, un santo y seña que entre la facción fémina es usual). Sin lugar a dudas quizás ella, y miles de fans más como ella, hacen que la industria del entretenimiento no se haya hundido más. Porque, en tiempos en los que ver la gratuidad al acceso de la cultura es lo normal, que corran en peregrinación a comprar “lo último” de Justin ( a partir de ahora será JB) tendría que hacer que el imberbe autor de “Sorry” se postrara a sus pies no a la inversa. (Continuará)