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Cuando Don McLean compuso “American Pie” pensando en Buddy Holly, quería rendir tributo a su ídolo fallecido en un accidente de aviación desde el reconocimiento. The day the music died.  Para él, Holly fue el impulsor del rock & roll blanco, el que lo cambió todo al fagocitar la energía bruta del blues redirigiéndola al pop. Y cada cual a su manera, desde que escuchó esta canción de Don, reflexiona de vez en cuando sobre la secuencia de hechos que ha desembocado en la industria musical del presente. Qué hubiese sido de nosotros sin Presley, sin Beatles, sin Rolling Stones, sin Dylan, sin…(añadan ustedes sus predilectos).

Se ha convenido que el precursor del rock & roll fue Chuck Berry. Podríamos discutir si le copió el estilo a algún músico desconocido, si su influencia no habría calado de no haber coincidido durante los mismos meses otros artistas relevantes (caso de Little Richard, Bo Diddley, etc), o si “Rock Around The Clock” de Bill Haley  & His Comets en 1953  precedió a “Maybellene” en 1955.

Hoy, tras enterarnos de su muerte, volvemos a rebobinar en un flashback que va más allá de sus canciones famosas (cansino citarlas aquí ahora). Allí están los jovencísimos Beatles y Rolling Stones haciendo versiones de Chuck antes de debutar con composiciones propias; los forjadores de la Historia de la música contemporánea bebieron de sus temas. Por encima de bailar desenfrenadamente hace años sus hits, Berry jamás despertó mi vertiente de fan. Ahora bien, soy consciente de que, sin sus composiciones, yo no estaría disfrutando de toda la música que he escuchado en mi vida. Y si he de colgar la medalla de Padre De Todo Esto a alguien, la chaqueta de este negro merece lucirla en nombre de todos los aficionados al rock roll. Descanse en paz. Eternamente agradecidos.