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¡Boom! ¡Una vez más! Ya era hora de volver a sentir la pegada bendita de algo nuevo que rejuvenezca mis sentidos. Siempre, cada vez que el CD de un desconocido se me arrima, ansío recibirla para poder seguir creyendo.
Lo que practica Meg Duffy en Hand Habits no es novedoso tomadas las partes por separado. Música líquida. A ratos transparente, a ratos mercúrea. Extremadamente sosegada pese a manejar instrumentos eléctricos. Aderezándola con pespuntes electrónicos provenientes más de guitarras que de teclados. Y con madera de poetisa en ciernes. Con este cóctel elaborado por su talento personal, ha ganado la admiración de Kevin Morby, su principal valedor.
El álbum deslumbrante en cuestión, “Wildly Idle (Humble Before The Void)” (Woodsist 2017), golpea nada más empezar con el argumento de su sutileza. Ya desde las primeras sílabas y notas “Flower Glass” evoca a Avi Buffalo (“casualmente” con la responsabilidad de musicar tres poemas recitados por sus tres autoras a modo de sorbetes desengrasantes), tan frágil, tan preciosa. I hold you like a flower/ I hold you like an hour glass/ I hold you like you´re the only thing I have/ I hold you like you´re the only thing I ever even had/ I hold it like it´s the only thing that would ever last.
Como una gelatina esparcida sobre nuestra piel, suave y fría, se desliza “In Between”. Es lo más parecido al lado bueno del dream pop de 4AD. If that demon of love won´t let you go/ just lie down and be received. Un poco más animada y comercial es “All The While” -al igual anterior, con la presencia de Keven Lareau de Quilt– a priori; hasta una segunda parte tóxica de guitarras surfeando antes de dejar paso al estado de flotación sublime de “Demand It” con otra sentencia para enmarcar (when everything feels wrong/ I want to be wrong).
Tampoco le va a la zaga “Sun Beholds Me” con su rima ingeniosa (so hey let´s talk after/ we´ll plug in the string of the little stratocaster). Los otros tramos obligados del disco recaen en el comienzo tan The Clientele de “Book On How To Change” -a la percusión y “other noises” Sheridan Riley de Avi Buffalo– bajo cuya sedación se retuercen las guitarras, así como el cierre de “New Bones”, tras el cual uno no puede dejar de afirmar -estupefacto al saber que el productor es Ged Gengras– que está ante uno de los más serios aspirantes a disco del año. Y subiendo.