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Sigue Mark Eitzel buscando refugio en la fórmula desgarradora de American Music Club cada vez que quiere destapar sus heridas no cicatrizadas. Con este discurso -y derivados- ha sobrevivido un par de décadas. Ahora, al amparo de sus arpegios crepusculares característicos -terminales “Nothing And Everything” y “Sleep From My Eyes”-, ha encontrado en la guitarra de Bernard Butler -punzante en “The Road” como David Gilmour– el remedio a la añoranza de la de Vudi.
Por supuesto “Hey Mr Ferryman” (Merge 2017) huele a gato viejo. Aparentemente variado en su combinado de letanías, algún tema con cierto músculo –“La Llorona”– y ecos de determinados arreglos pretéritos suntuosos -a lo grande las subidas de “Mr Humphries”, tal que “Johnny Mathis´ Feet”-, disimula su inmovilismo, y no es hasta “Let Me Go” cuando percibimos que su lamento -por repetido- estremece menos que antaño. Eso sí, si no podemos evitar nosotros volver a entrar en el túnel escuchando estas canciones seguidas -aún sabiendo que conocemos la salida- y sentir el cosquilleo dulce de la depresión, imaginen quien le escuche por primera vez. Pocos como Mark han obtenido tanto rédito deconstruyendo la imagen de loser. Tras un disco suyo, se hace imprescindible el chute de pop.