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Goza Jesca Hoop de la bendición de lo atípico. Desde aquel “The House That Jack Built” en 2012, coproducido por Blake Mills, dejó constancia que no quería caer en la fosa común de las cantautoras esclavizadas con grilletes folk o country. Su música poseía suficientes connotaciones singulares para percibirla como talento único, aunque eso también comportaba cierta falta de accesibilidad. No en vano sus primeros pasos se vieron impulsados en casa de la pareja de los Waits (Tom y Kathleen), tras haber dejado su educación mormona californiana por la formación nómada a lo largo del mapa norteamericano.
Durante los últimos tiempos Jesca se domesticó bajo la batuta de Tucker Martine, colaborando el año pasado en un álbum conjunto con Iron & Wine, donde aparcó su lado más experimental subyugada por la dulce acústica de Sam Beam. Ahora toca arriesgar, y “Memories Are Now” (Sub Pop 2017), junto al retornado Mills, es su baza ganadora. Gracias al productor, elude los patrones folk al uso -temas acústicos hay, pero cada uno con un punto distinto, como “Pegasi”– aunque reconoce su influencia: en “The Lost Sky” añade un toque minimalista, y en “Songs Of Old” sirve de colcha para que los gorgoritos de manantial inunden la estancia. Donde sin embargo se disfruta de pisar terreno menos explorado es en las piezas con estructura de cierta complejidad. Allí se nota la mano de Mills. Ese inicio con dos notas toscas, casi sucias escondiendo un groove sensual en “Memories Are Now”; guitarras supurando óxido bajo el sol de maneras muy distintas (ingeniosas “Simon Says” y “Cut Connection”), sean americanas o con pátina barroca reminiscente de su etapa británica cerca del redil de Elbow. Con un poso urbano, como “Unsaid”.
Tras varias escuchas, pasa de lo extraño a lo magnético, y finalmente a lo familiar. La recompensa de este gran disco se disfruta a base de perseverancia.