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Desde la coronación de Trump como enemigo público número uno planetario, los convencionalismos exigen carne para las fieras, hurgar en cualquier forma de arte para encontrar algo -una frase, una portada, un gesto- con que desprestigiarle, sin importar un ápice si se saca de contexto. Todo vale en la era de las redes sociales, incluso la promoción a costa de los estereotipos. Nuestro Sistema decrépito funcionaba antes de que Trump se iniciase en el sexo con amor, al igual que el punk como refugio de insumisos. De modo que un disco de Priests, publicado dos meses después de que el ogro fuese elegido y a los pocos días de su toma de posesión, difícilmente puede contener mensajes a la carta dirigidos en su contra (aunque sí en contra de lo que personas como él han representado históricamente). Por mucho que apele a ello la crítica musical como recurso fácil. Por mucho que provengan de Wahington DC. Y por mucho que titulen una canción “Pink White House”.
Del párrafo anterior se desprende que “Nothing Feels Natural” (Sister Polygon 2017) es un álbum punk tal como se entiende en la actualidad -o post punk de rabia cavernosa remontándonos a Siouxie & The Banshees– desde la consagración de Savages. La voz de Katie Alice Greer se mueve fantástica entre el cabalgar de la sección rítmica –Daniele Daniele a la batería, Taylor Mulitz al bajo- con guitarras lacerantes en un plano inferior. Ella parece una bestia suelta en “Puff”, y no le van a la zaga en nivel de vértigo “JJ” y “Nicki”. La entrada de “Leila 20” suena como New Order con anfetas, mientras a “Suck” se suman una percusión y un saxo sabrosos. Eso sí, para quienes no acepten la inmersión en sus timbres tensos pueden llegar a ser un taladro. Aún así, nadie debe negarse a escuchar la canción que da título al álbum porque es de lo mejor de la cosecha 2017. “Nothing Feels Natural”, a la que no le falta nada para superar a Best Coast, invita a seguirla una y otra vez hasta caer rendido a la adicción.