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Un regreso esperado. Desde la publicación de “Impar” hace ocho años, los fans de Miqui Puig le hemos escuchado por la radio seleccionando música estupenda, y también hemos ido a bailarla al Apolo de Barcelona en sus épicas sesiones de New Wave, Old Wave. Pero necesitábamos canciones nuevas para corear a pleno pulmón. Aquí están.

Escuela De Capataces” (LAV Records, 2017) es un disco cocinado a fuego lento y entre amigos. Miqui ha reclutado a su gang particular, y ahí está bien parapetado con su nueva banda -la Agrupació Cicloturista PopularJaime Cristóbal a la co-producción y tocando la lapsteel como solo él sabe, y su amigo más cómplice desde los tiempos de Los SencillosMarc Botey. El autor de “Bonito es” se siente abrigado y a gusto con los suyos, así que todo fluye a la mil maravillas como no podía ser de otra manera. Un repertorio de temas que son un primor, que van desde homenajes en clave funk-disco a la estupenda banda de Sabadell BB Sin Sed (“Ella Me Salvó (Beber Sin Sed)”), guiños a los colegas mediante estribillos directos al corazón (“Los Módena”), pop melancólico de líneas melódicas diáfanas marca de la casa (“El Sastre De Genestacio”) en los que el de l’Ametlla Del Vallès declama versos que son un aviso a las nuevas generaciones “A veces no es bueno creer en los padres/A veces no es bueno, tú mírame a mí”. Pues en esas seguimos.

En “El Chico Que Gritaba Acid” el autor se (nos) reencuentra con su pasado raver a lomos de punteos de guitarra postpunkarras, y en mi favorita del lote, “Línea Clara”, uno fantasea con qué canción saldría de la unión entre Bernard SumnerPeter Hook, y Juan y Junior. Gracias, Miqui. Salut!