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A su manera “Little Fictions” (Polydor 2017), álbum número siete, es el “Kid A” de Elbow. No se sabe bien si debido a la salida de su batería Richard Jupp o si éste se marchó por ello, el caso es que la banda reorienta su percepción del ritmo, aquí el protagonista absoluto del flujo de las canciones. El ritmo como hoy se le entiende desde la consolidación de la electrónica. Mecánico y tranquilo como un reloj, con una energía producida por combustión de nivel bajo dibujando recovecos sinuosos.
Existen sin embargo más razones para relacionarles en el 2017 con la cara humilde de Radiohead. Sin tener nada que ver la voz de Guy Harvey con la de Thom Yorke, desprende a veces una melancolía similar. Están también las cuerdas avasallando de “Magnificent”, restregadas con la misma vivacidad que las de “Montparnasse”. Y un deje indescriptible británico que, en el caso de Elbow, juega en contra de su reconocimiento universal.
Volvamos al ritmo. Si ya en “Gentle Storm” el aperitivo promete, es en “Trust The Sun” donde su protagonismo -más por imposible que por energético- llega al primer plano. A partir de entonces casi todos los temas se analizan desde la nueva premisa: la quietud de “Head For Supplies”, el pulso casi DJ Shadow de “Firebrand & Angel” y, sobretodo, el más voluptuoso de “Little Fictions”, donde su búsqueda del climax tras ocho minutos remolcando al piano le brinda la medalla de oro. Estamos hablando de un gran disco de un gran grupo con una gran trayectoria que, por arrimarse a veces a la épica de las islas, ha sido ninguneado sistemáticamente en países donde se desprecia la elegancia de las formas, sin importar si bajo ellas hay vida o no.