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Quienes elijan probar talentos nuevos a expensas de su currículo, pueden sentirse desconcertados escuchando “Front Row Seat To Earth” (Mexican Summer 2016) de Weyes Blood, conocida por sus conexiones con Jackie-O Motherfucker y Ariel Pink. Nada más alejado en el plano musical.
Lo que propone Natalie Mering aquí es un híbrido de folk revestido de instrumentación de poso regio -combinando guitarras, teclados y electrónica- sin los meandros rebuscados de Kate Bush, Regina Spektor o Marissa Nadler (de hecho se inclina a veces más a la belleza simple de Enya). Esta solemnidad litúrgica se agiganta gracias a su bendita voz, de gran pureza vocal -fantástica “Do You Need My Love”-, sin resentirse aunque -caso de “Used To Be”– se le adosen vientos y abandone ocasionalmente el predominio del piano por la guitarra: de hecho la etiqueta folk se la gana con “Be Free” y “Generation Why”, ambas demoledoras. Y en “Seven Words” cuenta además con la ayuda a la guitarra de de una de las artistas más en alza este año, Meg Duffy de Hand Habits.
Paradójicamente, esta música tan bella viene a ratos acompañada por un halo turbio de amplio margen de interpretación. Ecos monásticos que, más que a ensalzar los diez mandamientos, nos llevarían a “El Nombre De La Rosa”. A la Julee Cruise de David Lynch esparciendo incógnitas y sabor de boca alcalino, como el final inquietante de “Front Row Seat”. Folk de capilla y claustro.