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Stephin Merritt el sábado interpreta la segunda parte del repaso a su vida a través de una canción por año: vicisitudes familiares, novios y Future Bible Heroes desfilan con explicaciones entre canción y canción en un decorado muy logrado bien acompañado por una miniorquesta a su alrededor. The Magnetic Fields al máximo nivel de elegancia. Destacó la canción del 2001 tras el 11-S, “Have You Seen It In The Snow?” así como la siguiente “Be True To Your Bar” (homenaje a la función social de los bares), pero todas rozaron lo sublime por su poder evocador. Fuera, Weyes Blood se encargó de confirmar que “Front Row Seat To Earth” es un gran disco y que la inspiración de Enya es cierta: solo agarró la guitarra en un par de canciones, e incluso en una rompe los rasgueos para que los teclados fluyan litúrgicos. En un momento dado se quitó la visera roja que endurecía sus facciones para mostrarse expuesta y vulnerable. Dedicatoria a Van Morrison y un epílogo con la inesperada versión de “Losing My Mind” de Raury & Jaden Smith.

Quizás porque estaba mal ubicado, pero el caso es que Pond me decepcionaron. No me gustó la actitud superstar del cantante, y sobre todo que los matices Daft Punk/Tame Impala quedasen sepultados ante la saturación de bajos -repito, en otras zonas no lo sé- de una mezcla horrible. La voz nunca llegaba, las melodías apenas se distinguían salvo la entrada con “30000 Megatons” -costó pillar el estribillo de la inmensa “Sweep Me Off My Feet”– y, sin analizar en exceso, me pareció que iban de sobrados sin presupuesto. Todo lo contrario que Van Morrison, quien tuvo que superar los chascarrillos acerca de su edad -abrigado, gafas de sol, sombrero, traje de raya diplomática- para ganarse al público con los restos de su voz, el saxo, la armónica, y un grupo de veteranos perfectos en su misión didáctica. Aunque sus pulmones ya no alcancen -sobrecogió verle tosiendo- la sabiduría empezó a apoderarse de los asistentes cuando en “Days Like This” se doblegaron ante la magnificencia de su sencillez. Un gustazo ver a los trendies asiduos al Primavera resignarse a callarse y escuchar, así como a los jóvenes sentir el pellizco de la curiosidad ante los elogios de sus padres. La leyenda vive.

Una lástima tener que dejarle para pillar a Angel Olsen, cuya demostración de poderío justificó el lleno hasta la bandera. Vestido de raso blanco, zapatos de tacón plateados y una sonrisa a veces contradictoria -¿nervios del momento?: quiso aparecer distendida y soltó alguna tontería- si valoramos el sentimiento hiriente que sus canciones pretenden transmitir, la autora llegó a cotas altísimas tanto en lo vocal como en el acompañamiento instrumental, con el punto de corrosión lacerante que aprieta en los tramos álgidos y destroza -pese al público- en los silencios. La electricidad que desprenden es simplemente excepcional, tanto como el Neil Young más malsano. Me tuve que ir en lo mejor –“Woman”– para asistir y reseñar a Metronomy. Tienen su público, que disfrutó coreando los temas más emblemáticos en una franja horaria algo temprana para bailar.

Del intimismo de Seu Jorge preferí no escuchar pues entraba el sonido de al lado de Hamilton Leithauser, como siempre desgañitándose apasionado. El corte de pelo junto al perfil, lo espigado de su soledad ante el micro, la chaqueta blanca, la voz y la armónica….como siempre me lo emparientan con Bob Dylan. Aún sigo canturreando una “1959” con miga: One day i´ll stop to listen. Justo al lado, los neoyorkinos LVL UP empezaron bien con un rock de guitarras típico de hace 20 años, entre unos Weezer ácidos y las raíces de No Depression. La proliferación constante de cambios de acordes en un mismo tema a veces no permite disfrutar de su energía. Tras tres canciones puse rumbo a Arcade Fire aún sabiendo que no iba a aguantar mucho. Solo tres años desde su última visita y lo abarrotado del recinto -con las pantallas bajas impidiendo que los que estábamos a más de 50 metros del escenario no viésemos nada- desaconsejaban vanos sufrimientos. El público enseguida se volcó con “Wake Up”, el estreno del tema “Everything Now” en directo ni fú ni fá, y reconozco que escuchar de nuevo “Intervention”, “Neon Bible” y “The Suburbs” me reconfortó, aunque preferí ir a por Wild Beasts. Error. Replanteadas para noquear en la pista de baile con bajo y batería en primerísimo plano y despojadas de sutilezas -piano ninguneado-, sus canciones quedan por debajo del nivel de Glass Animals, cuando a priori poseen virtudes -mensaje sexual- que intentan transmitir algo más. A mí me deprimiría prostituir mi sonido para que el público mueva los pies en un festival.

A Japandroids les aguanté tres canciones. Punk canadiense muy solvente con solo guitarra y batería; con buena actitud aunque sobrado de alguna pose. Diez horas en el recinto eran suficientes.