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Arde Bangkok. Las noches de mayo, aunque asome la estación de lluvias, siguen siendo tórridas y anegadas en el bochorno. Algo en el aire del bar exterior del Live RCA, tal vez el olor, la humedad o ese mirar alrededor y comprobar que somos nueve esperando la apertura de las puertas de la sala, sentados cómodamente con una bebida, invita a presagiar que un concierto aquí no es igual que en Europa. La presencia de Teen Daze es un acontecimiento tan selectivo -en el momento álgido apenas seremos cien, en una ciudad de diez millones- que se incrementa la sensación de privilegio.
Es sábado noche, cartel triple. Los locales Wave And So, la canadiense Mozart´s Sister, y el de British Columbia como cabeza. Mientras esperamos, se acerca un tailandés preguntando por qué y quién estoy aquí. Un admirador del último álbum de Teen Daze, respondo, con la consiguiente iluminación de su rostro al ver que podía agasajar al músico con alguna muestra de cariño. ¿Te gustaría conocerle? Soy el promotor.
Departimos unos minutos en el camerino, yo con mis cuatro preguntas de rigor, más distentidas que en una entrevista al uso -hablamos sobre nuestra debilidad común por la gastronomía thai- pero colando los asuntos que periodíasticamente me interesaban. Si estaba contento con Flora, la discográfica que gestiona con un socio (con mucha ilusión a pesar de que nos queda mucho por aprender), o si el próximo álbum se adentrará en los recovecos melódicos pop de “Cycle” y “Lost” en detrimento de la electrónica (no creo, en estos momentos estoy fuertemente atrapado por el pop japonés eighties). Para ampliar el diálogo, también pregunté a Caila Thompson-Hannant por su proyecto Mozart´s Sister, centrándome en la afinidad que podía abrirme la puerta hacia ella: su estancia pretérita en la nómina de Miracle Fortress. Así que, al indagar acerca de su presencia en la época de uno de mis álbumes favoritos de los últimos quince años, “Five Roses”, y obtener una respuesta negativa, se me vino abajo la estrategia por mucho que su amigo cortase el silencio adulando el disco. Reflejos lentos. Ya no me volvió a hablar.
Wave And So, con disco a punto, practican un dream pop galopante, eléctrico, mimético y bien estilizado, con cenefas y arpegios de manual. Muy eficaces. Mozart´s Sister por su parte sale parapetada tras su modesta maquinaria, mucho más comedida que su amiga Claire Boucher, gesticulando solo de cintura para arriba, con una sensualidad superior aunque carente de la inmediatez pop de Grimes; rubia, vestida de negro, moviendo brazos y cuello armónicamente: un poco tardía su incorporación al mercado de las tendencias.
En cambio lo de Teen Daze parece eclosionar en el momento justo, aunque a primera vista no sea así. Solo, con aire de estudiante tímido, le cuesta llegar con su falsete a las cotas desplegadas por “Cycle” en estudio, y de hecho ni se atreve con “Lost” (pensé que sustituiría en directo a Nadia Hulett por Caila). Y solo concede a modo de pasaje rítmico el terciopelo de “Rising”. Como contrapartida, nos sumerge en los meandros de electrónica suave de “Themes For Dying Earth” generando estremecimientos múltiples. Si te centras y estás atento -cosa de la que el respetuoso público asiático es más capaz que el parlanchín ibérico- puedes palpar incluso en directo su magia. Hubo de hecho unos instantes mirando cerca de la tarima sus New Balance negras acariciar un pedal, que la guitarra de “Anew” me transportó a uno de esos estados de ánimo tan especiales, donde percibes que todo es posible y benigno mientras nadas en las aguas apacibles de su mundo de delicadeza utópico. O cuando lo que se esconde en los rincones del corazón y lo plausible se tocan a flor de piel. Inmensa “Water In Heaven” con Jamison moviendo el cuello sigilosamente para marcar el ritmo. O la cadencia slo-mo acuática de “Breath”. ¡Qué grande es la música cuando uno la escucha con predisposición a absorberla y dejarse llevar! En situaciones así de celestiales, Teen Daze fulmina.