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Mi relación con Sonic Youth siempre fue de idas y venidas. Recuerdo que por aquel entonces me dejaba llevar mucho por lo que RDL dictaba, pero sobretodo eran otros ojos los que por aquel entonces se acercaban a la música; unos ojos inquietos (incluso más que ahora), pero que fácilmente podían sucumbir al asombro. A SY no los pillaba, me resultaban demasiado áridos, oblicuos, demasiado arties (digamos), pero yo quería pertenecer a esa horda de seguidores que bebían los vientos por la banda.

Pasaron los años, y mis gustos musicales (¡ay el gusto! esa cosa tan intrascendente…) se abrieron a la transversalidad, y ahora toca encarar a Thurston Moore SY, y lo que representan para mí en la actualidad. Llevo días escuchando una triada de discos que, a día de hoy me parecen infalibles (los esfuerzos del pasado han dado resultado: ahora también disfruto con DNA y con Glenn Branca): “Bad Moon Rising”, “EVOL”, y “Sister” con artefactos de ajada belleza que algún día conseguiré desentrañar en todo su esplendor, pero ¿seguir insistiendo en el legado de SY en la actualidad aporta algo? Dice el guitarrista que este disco nace con la voluntad de que el rock siga siendo un bastión para protegernos de la intolerancia y la opresión, y encara su madurez rezumando espiritualidad expresada en las letras que le ha hecho para este “Rock N Roll Consciousness” (Caroline, 2017)  su actual pareja, la poetisa Radio Radieux. Buenos propósitos. El neoyorkino revive el pasado con canciones que aportan poco a su carrera, y menos al resto de los mortales. Sí, es un buen guitarrista (no descubrimos nada), y canciones como “Smoke Of Dreams” se agarran con fuerza a la mente, pero tanto retorcer un estilo acaba por hastiar. No es un mal disco, pero necesario tampoco.