cc

Cuando la música que suena indica que entre sus notas hay algo más que sonido, estamos de enhorabuena. ¿Y qué puede haber en la música de Cattle & Cane y en su segundo álbum para extraer conclusiones eufóricas? ¿Una premonición basada en su nombre, tomado más que probablemente de la canción de The Go-Betweens? ¿Rock suave de otro grupo inglés? Mmm…sí y no. Suave es lo de Prefab Sprout. Y lo de Hal. Y lo de Fleetwood Mac. No son tres ejemplos al azar, aunque se corra el riesgo de ser lanzado a la hoguera con la comparación.
Y ese algo más, ese plus, creo que se debe a la complicidad de la sangre. Las cuatro bandas incluyen familiares en alguna etapa de su singladura. Cuatro hermanos más un batería amigo en los de Teesside. Lleva la iniciativa compositora Joe Hamill aunque la voz de Helen marque parte de la identidad. Lo que deslumbra sin embargo es el nexo inexplicable de la conjunción de sus elementos, presentes ya en la estructura de la composición. No se trata solo de la aproximación elegante de “Love On Your Hands” hasta llegar a la majestad del estribillo. Ni de la manera perfecta de dignificar una entrada facilona como la de “7 Hours”. Es el quiebro tan Paddy McAloon a mitad de “Fool For You”. O la pausa regia subiendo como si Pink Floyd interpretasen “My Sweet Lord” en “Dealing With The Devil”. Es el inmenso cariño volcado en los arreglos de “Paper Man”. Es algo que traspasa, como en “Tonight We Dance (Cleveland Hills)”, para adentrarse en la mística del alma pop que todo ser humano debe -o debería- llevar dentro. Cattle & Cane necesitarán ayuda para aupar “Mirrors” (ICP 2017) donde merece estar. Hay que prestársela sin condiciones.