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Como abnegado seguidor de la trayectoria de Mark Mulcahy desde Miracle Legion hasta ahora -parando en The Butterflies Of Love aunque sin detenerme en Polaris-, estoy contentísimo con el nuevo álbum “The Possum In The Driveway” (Mezzotint 2017). En el fondo no las tenía todas conmigo. Razonamiento: si ha tardado seis años y cuatro meses en publicar “Dear Mark J. Mulcahy, I Love You”, me parecían pocos -de cara a afinar la calidad del producto- solo tres años y diez meses para éste. Escucharlo un par de veces ha disparado los elogios.
Los buenos augurios se huelen desde la entrada de “Stuck On Something Else”, de sosiego alucinante con tan solo su voz sobre un fondo aterciopelado con timbre de piano eléctrico; tan sentida y tan agridulce rendida ante la evolución de la vida y a los caminos a los que estamos abocados (su esposa falleció en 2008: de hecho muchas canciones se construyeron lentamente a partir de esta época hasta conseguir cierto aire conceptual). Can´t be all the things you want me to be/I´m stuck on something else.
En “30 Days Away” deja caer everyday ends the same, melancolically pained. Algo de Leonard Cohen -con trompeta y aromas de western afrancesado- se palpa en la construcción. El organito sambero de “Catching Mice” le pone por encima de Vampire Weekend, casi a nivel de Paul Simon, mientras en “The Fiddler” demuestra tener el blues -un blues fresco gracias a su voz- y saber combinar distintos elementos -en “They Broke The Spell” solo teclado y voz hasta que sube pletórica la guitarra en la segunda parte- con suficiente audacia. I slept for hundred years and it was you, my dear, who woke me. Más bonito imposible.
Mención especial para los vientos trabajados por John Panos. Aparecen en los momentos clave, pero sobre todo se consagran en las dos últimas piezas, tanto a modo de colcha en una “Jimmy” esbelta y triunfal -¿alguien recuerda a Animals That Swim?– como al final en “Geraldine”, el lamento de amor definitivo por los callejones de la ciudad. Despedida nocturna para un álbum que nos ha de hacer disfrutar el resto de nuestros días. Rozando el diez.