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Dice Gori Valárez – en un artículo en La fonoteca.net – acerca de su filosofía como músico y compositor  que su intención es “tratar de destrozar lo convencional respecto al arte, romper la frontera entre arte y vida, defendiendo la libertad de lo individual, la espontaneidad, la inmediatez, la imperfección, el azar, buscando un lenguaje musical libre y sin limitaciones. Detrás del proyecto está la búsqueda de lo casual, casi todo lo que suena en el disco son primera tomas, experimentaciones, jugando con antónimos y buscando puntos de encuentro entre las canciones”

LoE LoF LoN son las primeras tres palabras que escribió la hija pequeña de Gori, y tras esa portada naïf de un dibujo garabateado se esconde su fantástico trabajo titulado “Conventional Elements” (Ferror Records/ Muteant Sounds, 2017). Un disco que parte de la autogestión, y de ir moviéndolo por redes sociales, y de esta manera conseguir financiar y distribuir físicamente un artefacto de alto voltaje emocional y sonoro. Un pentagrama que es todo fisicidad, espontaneidad, angulosidad, rabia y ternura, y que parte de exquisitas referencias llevadas a su terreno con naturalidad. Resonancias jazzísticas (peaje a los fondos nocturnos y carnales  de Barry Adamson) con guitarras muy afines al ideario de DNA en “Black Loquor”garage esquizoide y free jazz en “Accidental Death”, y mantras eléctricos que guían al aventurero al ultimo tugurio que se anuncia con letras de neón al final de la calle donde, quizás, toque John Lurie un tema titulado “Artificial Sounding Phraze”.

Mas joyas para paladares exquisitos y oídos audaces son “No Jazz”, con sus ritmos eléctricos, sincopados, y repetitivos  que revelan su querencia por aquello que se dio por llamar No Wave; la guitarra a lo Arto Lindsay en “Daydreams”, y la belleza ingrávida (y fronteriza) de “Three Years”. Muestras de un talento descomunal.