de

Peach” (Where It’s At is Where You Are, 2017), el debut en solitario de Emma Winston bajo el alias de Deerful, ayudará a los más escépticos a congraciarse con ese sub-género tan insípido y embobado como suele ser normalmente la indietrónica. Con Winston, afortunadamente, los loops planeadores de bajo coste sirven para mucho más que para disfrazar la precariedad melódica habitual de impostura indolente.

Ha ayudado lo suyo en el resultado final el que nuestra protagonista –profesora de música en el mundo real- se haya ido bregando en los últimos tiempos a base de eps, colaboraciones y experimentos varios –homenajes al mundillo 007, versiones de The Mountain Goats– hasta alcanzar ya un nivel óptimo de madurez, despejando poco a poco su querencia inicial por The Magnetic Fields –quizás en algunos momentos una influencia algo más que evidente- o la franquicia sonora japonesa –picopop de 8 bits y techno kayō-. Sin olvidar su participación más o menos activa en formaciones como Owl & Mouse –adscritos al proselitismo del ukelele- o los más circunspectos y folkies Enderby’s Room, donde Emma puede dar de paso rienda suelta a su versatilidad instrumental desde un punto de vista más “tradicional”. Añadamos a todo esto su labor como subalterna de una eminencia como Darren Hayman, al que ha acompañado no pocas veces en directo. Mimbres casi todos ellos lo suficientemente convincentes para esperar siempre buenas cosas.

Desde la inicial “Peach Rose Tea” -donde uno, en plena visualización de la reentré de Twin Peaks, no puede dejar de imaginar un cameo de este proyecto unipersonal en el Bang Bang Bar al final de un hipotético capítulo-, hasta la oscura y contenida tensión de “The Ice Fishers” , pasando por uno de los estribillos más completos y rotundos del año –“The Wider Sky, So Far From Land”– o ese remanente de tecno-pop ochentero –como Yazoo pero sin soul, para entendernos- que es “Cloudwatching” , Winston ha hecho de la escasez –arreglos escuálidos pero la mar de apañados- virtud, en este su planeta particular donde el ensueño no está reñido con una musicalidad tan clara como tupida.

Buenas lecciones de un pop en apariencia menor pero gigante en prestaciones.