lorde

No sé si David Bowie le hizo un favor o no cuando dijo que ella era el futuro de la música, pero lo que tengo claro es que este disco de la neozelandesa me ha pillado con el pie cambiado. Poco caso le hice a su disco de debut, y desde ya entono un enorme mea culpa a tenor de los resultados mayúsculos de este segundo tour de force. En este “Melodrama”(Republic, 2017) esta veinteañera de voz quebrada se abre en canal para mostrarnos, sin remilgos, los miedos, las frustraciones, y los sinsabores del paso de la adolescencia a la edad adulta, y las consecuencias de todo ello en su atribulado corazón. Lorde se busca a sí misma, y de forma hiperrealista apuntala un cancionero que servirá de buque insignia para toda una generación (la suya), aunque el radio de acción de tamaño desafío emocional colmará muchas de las expectativas de más de un incrédulo. Es fácil sentir empatía hacia esta mujer, así que aquí me tienen, con los pelos de punta escuchando estas canciones increíbles, escritas (y sufridas) en primera persona.

El melodrama comienza con “Green Light”, primer single y sin duda mi canción del año. Unas notas de piano emulando un garboso trote house van dando forma a este prodigio cuyo calado emocional y expresionismo tiene como referente el “Chandelier” de Sia. Palabras mayores. Canta Lorde desde el abismo “Those great whites, they have big teeth/Oh, they bite you/Thought you said that you would always be in love/But you’re not in love no more/Did it frighten you/How we kissed when we danced on the light up floor?/On the light up floor”. Puro material inflamable. Bailar con lo ojos en blanco y apretando bien fuerte los dientes es lo que hace en “Sober” (“ We’re King and Queen of the weekend/Ain’t a pill that could touch our rush/But what will we do when we’re sober?”) o en la maravillosa “Homemade Dynamite” (“Our rules, our dreams, we’re blind/Blowing shit up with homemade d-d-d-dynamite/Our friends, our drinks, we get inspired”). Y la noche continúa.

Mas highlights del disco con un tema en común, la ruptura amorosa: “Liability”, una balada a piano inspirada en Rihanna, y “Hard Feelings/Loveless” y sus referencias al miedo por el vacío instalado al otro lado de la cama (“Cause I remember the rush, when forever was us/Before all of the winds of regret and mistrust/Now we sit in your car and our love is a ghost”). En “Writer In The Dark” entona en falsete como Kate Bush y se cura las heridas (“But in our darkest hours, I stumbled on a secret power/I’ll find a way to be without you, babe”), mientras que en “Sober II (Melodrama)”, parapetada por un buen armazón de violines, conjura sus fantasmas a lo Lana Del Rey. Si es que al final Bowie va a tener razón…