sp

A menudo hilamos demasiado fino cuando escuchamos un disco. Que si tiene influencias de fulano o mengano; que si en este álbum se reinventan o se adocenan; que si etc etc. Y nos olvidamos -o pasamos de puntillas para no mojarnos- del asunto básico del motivo del escrito: ¿en definitiva nos gusta o no?

Es una reflexión recurrente cada vez que nos enfrentamos a una banda sin un sonido específicamente personal. ¿Se parecen a quién? No sé. En una canción a éste y en otra a aquél. ¿Virtud o defecto pues? De nuevo no sé. Depende. En el caso de los australianos con domiciliación londinense Splashh, claramente virtud. Sin un sonido genéticamente demostrable, practican un rock todoterreno donde pueden escorarse tanto al grunge como al pop (aunque menos importante, recuerdan por su solvencia a una mezcla entre los primeros Eels y Garbage). En su nuevo álbum “Waiting A Lifetime” (Cinematic 2017), tras entrar con energía -perfectas “Rings” y “See Through”-, comienzan a enseñar los distintos campos de acción a partir de “Gentle April”, balada equivalente a unos Primal Scream o Spiritualized con influencia Lennon en clave pop de las antípodas, mientras en “Come Back” juegan a The Horrors con estribillo de voces suaves tipo The Sleepy Jackson. Son canciones muy bien construidas –“Closer”: o cómo pasar de Spoon al dream pop en un mismo corte- con la anfetamina desplazándose a través de la electricidad -en “Honey And Salt”– hasta hacer soñar despierto como The Radio Dept. Y su instinto camaleónico les permite incluso jugar con la electrónica en algún tema (“Look Down To Turn Away”). Etéreos, rítmicos o las dos cosas a la vez (“Under The Moon”), podría parecer que Splashh no tienen personalidad, cuando de lo que se trata aquí es de felicitarles por esta decena de composiciones excelentes.