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Formación danesa relativamente tipo Abba (dos voces femeninas y tres varones) con inclinaciones a los arreglos digitales, Lowly en “Heba” (Bella Union 2017) se desmarcan de muchos artistas de sonido similar -sintes, voces celestiales- gracias a un talante compositor que protege enormemente la plasticidad melódica; más que Holly Herndon, e igual que Julia Holter cuando está melosa.
Después de empezar prometiendo con una “Still Life” que busca notas altas imposibles entre cadencias aterciopeladas, van a por el premio gordo en “Deer Eyes” -ya avanzada el año pasado-, que suena como la Bjork pura de hace un cuarto de siglo antes de refugiarse en productores trendies, dotada de una melodía refulgente capaz de alumbrar nuestras almas a cada quiebro vocal con la propulsión del bajo. Por supuesto es uno de los temas claves del disco, y no le anda muy a la zaga el dramatismo digital de “Stubborn Day” con características similares; son los dos temas de mayor gancho. No obstante, aparte de que todas las piezas destilan exquisitez y elegancia -sería “Pommerate” un ejemplo con su tono fifties-, numerosos detalles elevan las prestaciones del álbum seguramente gracias al productor Anders Boll (Efterklang, Howe Gelb). Está el zumbido de cohetes pirotécnicos dulces para terminar la grabación en “Not So Great After All”. Y está sobre todo ese temblor con pulso intermitente de la electrónica contrastando con la intensidad humana -tan Beach House– de “No Hands”. Pasajes tremendamente bellos venidos del Norte.