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Recurrir a los orígenes sirios/armenios de Azniv Korkejian, alias Bedouine, como descripción de su música, es tan impropio y alejado de la realidad como recurrir a la sangre hindú de Norah Jones para encuadrarla. Una cantautora que se mueve a sus anchas entre arreglos suntuosos preservando el talante acústico.
Hablemos de esos arreglos tras hacer hincapié en su voz de miel. Y de Spacebomb, la factoría de Matthew E. White. Si algunos pensábamos -al enterarnos de los orfebres- que la referencia sería Natalie Prass y -en su asociación con el americano- Flo Morrissey, sorpresa: “Bedouine” (Spacebomb 2017) es mucho más nocturno y aterciopelado. Por supuesto la sabiduría country y soul se percibe en algunos momentos -por ejemplo “One Of These Days”, como una Sade en clave americana– pero donde los acabados suenan bordados es en el ambiente sixties de “Back To You”, en el lujo orquestado de “Skyline” y “Dusty Eyes”, en el regusto íntimo de “Heart Take Flight” o en el cristal de “You Kill Me”.
La canción que más engancha no obstante es “Solitary Daughter”, donde ella vuelca alma y texto en un corte acústico que va pasando del recitado con arpegio a una colcha preciosa con un crescendo imponente en los versos. I don´t need your company to feel safe. La liberación que pretende transmitir llega rotunda, como un aviso. Lo bueno está por llegar.