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No sé de dónde ha salido Michael Nau -bueno, sí, lo dice internet: de Cotton Jones y Page France, en Maryland– pero llega como un milagro para dar el brochazo dorado a la banda sonora de final de verano, cuando los días se acortan, el tiempo refresca y cada sensación es de un punto final irreal aunque esperado. Toca cambiar de aires, en todos los sentidos.
El reverb de su segundo álbum “Some Twist” (Suicide Squeeze 2017) es como una dulce puñalada anestesiando los nervios deteriorados. Una atmósfera de sosiego pretérito nos invade y nos hace pensar en el solar de placidez de un atardecer californiano. Los augurios iniciales apuntan al Kurt Vile letárgico para enseguida soltar una preciosidad tipo Nilsson titulada “I Root”. Michael se muestra tan loose como el Karl Blau de “Fallin´ Rain” en “Wonder” -será el piano- y “Done Wonder”, dejando el hueco necesario para deleitarse por entre la fluidez rítmica. La pieza más destacable, la corta “Waiting, Too”, huele al vintage crepuscular sixties de Devendra Banhart, Noah Georgeson…y The Clientele.
Las concesiones a los géneros nobles vienen de la mano de “The Load”, muy J J Cale, y del cierre con el arreglo blanquinegro sureño de “Light That Ever” -hablábamos de Matthew E. White-, así como de una “Oh, You Wanna Bet?” tan clásica –Lennon, Tobias Jesso Jr– como las aspiraciones de esta grabación, con el pulso del movimiento lento sobreviviendo dentro de un marco estático. En tránsito, siempre en tránsito. Música en la mochila. Una vez más.