da

Se ha ganado Dan Auerbach, gracias a su buena maña dando lustre al sonido de The Black Keys, una merecida fama como productor. Entre sus dos facetas apenas le habían dejado tiempo para un disco en solitario hace ocho años.
Aprovechando un hueco, Dan ha grabado y publicado el segundo, “Waiting On a Song” (Nonesuch 2017). Una primera escucha descoloca. Pensaba encontrar una versión menos pulida del cóctel de blues y soul del grupo -desde el prisma cantautor, por ejemplo-, y me asalta con diez canciones superbién producidas, accesibles -rozando lo dicharachero- recuperando sonidos del pop facilón de comienzos de los seventies tras el paso del bubblegum. El bajo de la “Waiting For A Song” inicial parece el de “Candida” o “Sugar Sugar” interpretado por un grupo tributo de Creedence Clearwater Revival (por cierto coescrita con John Prine y Richard Swift). El de “Show Me” casi que también, con un arreglo orquestal genial. No es precisamente lo que se espera de un componente de los vitamínicos The Black Keys. Sin embargo, una vez superada la sorpresa y contrastada su versatilidad –soul, country, soft rock, tonadas pop irresistibles-, empieza el disfrute. Por muy facilita y vintage que sea “Never In My Wildest Dreams”, esa dulzura -casi nivel Stephen Bishop o Andy Shauf– traspasa. Más que otros temas donde aparecen convidados de peso (Mark Knopfler en “Shine On Me”, un casi octogenario Duane Eddy en “Livin´ In Sin”). Déjense mecer por lo hipnótico de “Cherrybomb” y tomen todo el álbum como si de un homenaje a la música de sus padres se tratase. Que casualmente un día fue la mía. Capricho estival adorable.