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Bandcamp: esa Tierra de Provisión para espíritus aventureros que no le tienen miedo al vértigo de la ingente producción –ya sea más o menos mainstream o, sobre todo, más o menos casera- que alberga su site. Soy consciente, no obstante, de que la labor puede desanimar al más pintado, pero con un poco de paciencia, intuición (una portada, el nombre de un proyecto, una concatenación de tags atractivos) y algo de tiempo libre se pueden encontrar auténticas joyas que le salven a uno la temporada, independientemente de si más adelante ese nombre tendrá alguna posibilidad de saltar a audiencias más convencionales o si se perderá para siempre en lo más recóndito de la red.

En el caso de Dave Shaw llegué a su último proyecto, Orlando Gloom, gracias a una carátula con gancho y a un nombre artístico que -qué demonios- no dejaba de hacerme gracia. La etiqueta era synthpop, pero veo en el momento de escribir esto que en su perfil ha desaparecido la misma en beneficio de otras seleccionadas en apariencia un poco más aleatoriamente. A poco que se tire del hilo aparecen rápidamente sus proyectos previos, igualmente recomendables: Camp David –donde adicionalmente da rienda suelta a su bilingüismo- o Glass Random –aquí con más presencia, uh, de guitarras-.

Sea como fuere, lo de Shaw –una especie de Momus del siglo XXI- es desde luego pop electrónico por necesidad y, seguro, por convencimiento. Un Juan Palomo residente en Winnipeg (canadiense, por tanto) que no desentonaría en absoluto –es más: no me extrañaría su próximo fichaje- en el catálogo del sello Arbutus, por proximidad geográfica y estética. Gloom, por de pronto, milita en otro sello hecho a sí mismo, Birthday Tapes, donde acaba de publicar su primer larga duración –“David In The Void” (2017)- en riguroso formato cassette, con una producción ad hoc y mucha capacidad para ensamblar canciones ocurrentes.

El dibujo melódico “a una sola mano” de los primeros Depeche Mode en “Hopeful”, la candorosa pretensión de oficiar de crooner –un apaño de Tom Jones en clave low cost– en “Nothing For You”, el maridaje entre el primer John Maus y The Russian Futurists que parece entrever “These Things Take Time”, la pátina diamantina de Future Bible Heroes en “Drive Around” o la melancolía industriosa de New Order en “Amends”, entre teclados ora vaporwave ora shoegaze, pueden servir como pistas para situar las coordenadas de este instintivo manual de pop sintético (sazonado con letras concentradas en la soledad y el estrés cotidiano) que debería ser motivo de envidia para colegas en preocupante declive creativo como Sean Nicholas Savage.

Un equidistante muestrario de composiciones -como cantaran Doble Pletina– para cerrar bares o al menos desertizar la zona –improvisada o no- para la pista de baile, algo que tiene siempre mucho de meritorio.